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OpenUnkown 01: Genocidio de cristianos en Nigeria

Foto del escritor: Cristina Bujalance
Cristina Bujalance
hace 10 minutos
3 min de lectura

Artículo de geopolítica escrito por Marta Bujalance



Nigeria es un país aparentemente pacífico, ubicado en el oeste de África, en la costa del golfo de Guinea, compartiendo frontera en su zona norte con los países del Sahel, caracterizado por ser el país más grande de África en términos demográficos y económicos.


A priori, Nigeria no destaca por encima de sus países vecinos, no abre telediarios ni protagoniza artículos en los grandes periódicos del mundo, sin embargo, en su interior se libra una de las crisis humanitarias y de seguridad más complejas y mortíferas de las últimas décadas.


La raíz del conflicto se encuentra en la división religiosa a la que está sometido el país, pues, tanto territorial como demográficamente, esta nación alberga un frágil equilibrio, con un norte predominantemente musulmán que representa al 45,8% de la población, frente a un sur mayoritariamente cristiano y que corresponde al 46,2% de los nigerianos. Esta diversidad religiosa no debería suponer ningún problema, más aún teniendo en cuenta que el país africano establece en el artículo 15 de su constitución que ningún ciudadano puede ser discriminado por su religión, y, aun así, según algunas ONG como Open Doors o Intersociety, mueren entre 3.500 y más de 7.000 cristianos al año, convirtiendo a Nigeria en el país más letal del mundo para la comunidad cristiana.


El conflicto entre musulmanes y cristianos lleva gestándose desde que se instauro la democracia en Nigeria, pues en varios estados al norte del país se adoptó formalmente la ley islámica, la Sharía, lo que actuó como detonante de los primeros enfrentamientos masivos y linchamientos comunitarios. Sin embargo, el fenómeno adquirió un carácter letal y sistemático en 2009, momento en que el grupo yihadista Boko Haram inició su insurgencia armada directa contra las instituciones y las poblaciones no musulmanas en el noreste. A esta amenaza se sumaron la escisión de ISWAP (Estado Islámico en África Occidental) y, desde 2014, la sangrienta intensificación de las incursiones ejercidas por milicias armadas en la franja central del país


Este crecimiento exponencial del terrorismo islámico en África no afecta únicamente a Nigeria, ya que, según el Centro Africano de Estudios Estratégicos, el continente ha experimentado cerca de 155.000 muertes vinculadas al extremismo islámico durante la última década. Este impacto se concentra principalmente en cinco escenarios clave: el Sahel, Somalia, la cuenca del lago Chad, Mozambique y el norte de África.


Esta situación ha comenzado a alarmar a la comunidad internacional, especialmente el caso de Nigeria. En noviembre de 2025, el gobierno de los Estados Unidos volvió a incluir a Nigeria en la lista de Países de Especial Preocupación (Countries of Particular Concern) debido a la gravedad de las violaciones de la libertad religiosa y un mes después, el 25 de diciembre, llevó a cabo ataques aéreos contra células de ISIS en el noroeste de Nigeria como respuesta a la escalada de violencia y para frenar la actividad degrupos extremistas en la región. A la respuesta estadounidense se le suman las reiteradas resoluciones de condena del Parlamento Europeo, los llamamientos de advertencia de la ONU ante la impunidad estatal y la creciente presión diplomática de ONG internacionales, las cuales exigen dejar de calificar estas matanzas como meras disputas locales para reconocerlas formalmente como crímenes contra la humanidad o un genocidio en curso.


Actualmente, la violencia se ha desbordado hacia la franja del Middle Belt y el noroeste del país, donde las incursiones contra aldeas agrícolas, la quema de templos y los secuestros de feligreses forman parte de un conflicto que ya acumula más de 50.000 cristianos asesinados desde el estallido de la insurgencia, además de decenas de miles de secuestrados y millones de desplazados despojados de sus tierras y pertenencias. En lo que va de 2026, los informes de seguimiento confirman que más de 3.000 cristianos han sido ejecutados por motivos religiosos o territoriales en Nigeria. Ante esta crisis humanitaria, la reacción del gobierno del presidente Bola Tinubu oscila entre la ineficacia militar y la negación política, rechazando la existencia de un genocidio al catalogar las matanzas como meros choques por recursos o delincuencia común, una postura que aviva las acusaciones de impunidad y complacencia estatal.


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