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La utopía del buen vivir

  • Esteban Díaz Andrade
  • 5 dic 2025
  • 9 Min. de lectura

Por: Esteban Díaz Andrade


Por décadas se vino trabajando una idea que prometía justicia con la deuda histórica de los pueblos marginados de la América Morena. Así sonaban los discursos de los líderes de esta nueva ideología que se apoderaba de algunos países de América Latina.


Recuerdo haber cumplido los 18 años cuando me enfrenté a la responsabilidad de mi primer proceso electoral de las casi 15 veces que ya fui a sufragar por cada cambio que se ha presentado desde aquella fecha. Un amigo que había conocido en un foro de aquellos de internet donde muchos opinábamos y criticábamos con faltas ortográficas los problemas, la historia y las diferencias de Sudamérica me dijo que si yo votaba por tal candidato, él iba a conseguir un trabajo en la Corporación Financiera Nacional. Una vez nos conocimos en persona con este colega de redes, pues solo nos dejábamos mensajes al imbox o al extinto Messenger. Él era un chico habitante de la ciudad que podría considerarse la más liberal e industrializada del país y compartimos una vez una comida en el Burger King cuando estuve de visita por su ciudad. Siguiendo su recomendación le di el voto a este candidato que mi amigo me había hablado, ni siquiera pensé en mi futuro ni en las consecuencias que luego tendríamos todos.


En

aquellos debates presidenciales de aquella época recuerdo la figura de un empresario millonario que se había postulado a la presidencia 3 veces, pero no ganaba. El advertía con desesperación y vehemencia las consecuencias de elegir al presidente que mi amigo me había recomendado, sin embargo, sus palabras no tenían el poder de convencimiento de sus contrincantes; él era un hombre de números y administración, pero no un hombre de oratoria como si lo era el candidato que prometía la reivindicación de los pueblos marginados.


El candidato de mi amigo ganó y comenzaron los cambios rápidamente. Poco tiempo pasó para que exista un cambio de constitución con la salida de la base americana que controlaba el narcotráfico que amenazaba a mi nación y la nueva corte de justicia con leyes que cada vez nos quitaban libertades y nos aislaban del mundo bajo el pretexto de la protección estatal a los grupos vulnerables, perdiendo oportunidades comerciales y de globalidad que hoy pudiésemos disfrutarlas.


En el cono sur también estaban con las mismas ideas y esto ayudó a que el candidato de mi amigo logre alianzas comunicacionales y de liderazgo mientras Ecuador retrocedía económicamente ante sus vecinos y rivales sudamericanos. Uno de los primeros efectos que sentimos fue en el entretenimiento. En el Ecuador del 2008 lograron promover una consulta donde se eliminaron los casinos y las corridas de toros, que no es que haya sido un tema que me afectara, pero fue una pregunta clave para luego cambiar la Carta Magna.


Mis amigos y yo comenzamos a sentir que hasta los conciertos comenzaban a desaparecer. Nuestras bandas favoritas hacían paradas en los países que considerábamos rivales, lo cual nos generaba celos y envidia. Las ferias tan esperadas todos los años dejaron de existir y el país se estaba convirtiendo en aburrido. Comenzamos a tener un circo televisado todos los sábados donde aparecía el presidente de mi amigo como dando la misa a sus

seguidores que lo aplaudían mientras realizaba sus shows y atacaba a sus contrincantes políticos.


En mi universidad nos obligaban a ver el programa sabatino de este presidente y a redactar con punto y coma cada una de sus intervenciones, preparándonos para cuando entráramos a las prácticas preprofesionales en los medios de comunicación y que también lo hiciéramos de esa manera. La novia de un amigo, quien luego fuera presentadora de noticias, dejó un comentario en su muro de Facebook donde decía: “Yo odiaba tanto al presidente, pero de tanto verlo ya hasta me está cayendo bien”. En aquellos tiempos había un control estricto sobre la verdad divulgada, la verdad del candidato de mi amigo debía ser respetada y para ello la Asamblea Nacional que reemplazó al Congreso aprobó la Ley de Comunicación donde se exigían las disculpas públicas como el punto menos fuerte hasta las reparaciones económicas millonarias por difamaciones como la consecuencia más grave.


Fue allí donde me quedé sin mi primer trabajo. Cerraron el diario donde junto a 30 trabajadores fuimos despedidos sin indemnización por una multa millonaria que le metieron al dueño, recuerdo que un periodista con 40 años de servicio lloraba, debía empezar de cero, no se había comprado ni un automóvil aún. Por aquellos tiempos, como la verdad oficial era sagrada, los titulares de los noticieros de tv y radio debían pasar por unos filtros en la Secretaría de Comunicación. Aquellos contenidos, investigaciones y demás debían ser entregados antes de las 5 de la tarde para darle la oportunidad al Gobierno de desmentir las informaciones.


Era así que el telediario más importante sacaba una noticia y en la pausa comercial llegaba una cadena nacional donde los tildaba de mentirosos, restándoles la credibilidad al medio ante su audiencia, la guerra de la información había empezado. En los enlaces presidenciales el presidente de mi amigo comenzaba a romper los diarios y señalar que la prensa es corrupta, sobre todo cuando salían a la luz las investigaciones donde existían actos de corrupción de sus ministros y asesores. El presidente de mi amigo ponía las manos al fuego por ellos, pero luego ellos se fugaban con la plata y lo dejaban al presidente de mi amigo con la verdad a medias. “El Ministro me prometió que volvería, solo se fue a Miami para la boda de su hijo y el lunes regresa” y nunca más regresaba".


Para tener fuerza en su palabra el presidente de mi amigo también creó medios públicos que sirvieron para la propaganda estatal, había que crear enemigos para mantener el poder de convencimiento

ante la masa que lo comenzaba a ver como el auténtico héroe. Quien ose criticarlo era burlado y humillado el sábado durante su programa matinal donde era la estrella del momento.


Aquellas prácticas televisadas no eran nuevas, países como Venezuela también lo habían experimentado por 10 años y Cuba por 40, así que era un guion copiado de las dictaduras de la América dopada. Y fue así como Ecuador sobrevivió 10 años con este programa que lo pagábamos todos los que tributábamos impuestos, hasta la “gordita horrorosa” de diario El Universo que el presidente de mi amigo había bautizado en una de sus sabatinas porque le preguntaba mucho sobre los corruptos que su gobierno había dejado fugar.


En todos esos años las sabatinas llegaron a internacionalizarse, pues el presidente de mi amigo encontró en Twitter la herramienta eficaz para su entretenimiento personal. Al tener la cercanía con sus seguidores comentaba tanta cosa, pero lo que no se imaginó fue la llegada masiva de comentarios que desaprobaban su gestión, pues se había convertido en un déspota y ya comenzaba a caer mal. El presidente de mi amigo contestaba los mensajes y mandaba a sus seguidores a atacar las cuentas de estos personajes en Twitter y en Facebook que eran las redes sociales más populares de aquel tiempo. También llegó a exponerlos en su programa sabatino lo cual atrajo la atención de un comediante inglés de la BBC llamado John Oliver que comenzó a jugar su juego y le dedicó 2 graciosos episodios.


En el primer episodio en “The Last Week Tonight” Oliver atacó la hipersensibilidad del presidente a la crítica en redes sociales y en el segundo capítulo expuso su hipersensibilidad ya que el presidente de mi amigo se picó como dicen en mi país y en 3 ocasiones lo mencionó durante esa semana, demostrándole a Oliver, a Ecuador y a Inglaterra que de verdad el presidente estaba fuera de orbita y que el poder se le subió a la cabeza. Nadie podía criticar al presidente de Ecuador ni dentro ni fuera del país, y menos un gringuito como llamó al británico.


La Ley Orgánica de Comunicación (LOC), conocida popularmente como la “Ley Mordaza”, fue una normativa impulsada y aprobada en junio de 2013 durante su gobierno en Ecuador. Su propósito oficial era regular los medios de comunicación y garantizar derechos ciudadanos frente a abusos mediáticos, pero fue ampliamente criticada por restringir la libertad de prensa y fortalecer el control estatal sobre la información.


Creación de la Supercom (Superintendencia de la Información y Comunicación)

  1. Entidad estatal con poder sancionador sobre medios.

  2. Podía imponer multas, rectificaciones obligatorias y hasta suspensiones de contenidos.


Consejo de Regulación (Cordicom)

  1. Encargado de emitir políticas y normas para la comunicación.

  2. Definía qué contenidos podían considerarse discriminatorios, sexistas, o

  3. contrarios a los “buenos valores”.


Figura de la “responsabilidad ulterior”

  1. Los periodistas podían ser sancionados por el contenido de sus publicaciones

  2. si se consideraban dañinos o inexactos.


Prohibición de “linchamiento mediático”

  1. Se sancionaba a medios por publicar reiteradamente información que “afectara

  2. la reputación” de una persona o institución, incluso si era verídica.


Distribución del espectro radioeléctrico

  1. 33% medios públicos

  2. 33% medios privados

  3. 34% medios comunitarios

  4. Restricción de la libertad de prensa: se percibía como un instrumento de control político del gobierno sobre la prensa.

  5. Autocensura: muchos periodistas evitaban publicar investigaciones críticas por

miedo a sanciones.

  1. Concentración del poder en el Ejecutivo: la Supercom y el Cordicom dependían

directamente del gobierno.

Ambigüedad legal: términos como “linchamiento mediático” o “información veraz” eran interpretables.


En 2009, Ecuador vivía el apogeo del presidente más popular y polémico del país que hablaba de soberanía y justicia, pero mientras las cámaras mostraban una imagen del presidente en las sabatinas detrás del telón, nacía una institución silenciosa, una que nadie eligió, y que pronto sabría la vida de todos.


Oficialmente el presidente de mi amigo mandó a crear la SENAIN, Secretaría Nacional de Inteligencia para proteger la seguridad nacional, pero pronto esta se convertiría en una red de espionaje. Periodistas, opositores, activistas, incluso exfuncionarios del propio gobierno, todos podían ser observados y monitoreados. Los correos eran intervenidos, las llamadas fueron grabadas, existieron seguimientos encubiertos y cuando te encontraban te amenazaban, le tomaban la foto a tu casa, a tu familia, a tu hijos pequeños y te enviaban rosas en señal de advertencia, como si visitaran tu tumba, nada escapaba a los ojos del Estado, algunos también fueron golpeados y otros silenciados como el repentino caso del Periodista Fausto Valdivieso que supuestamente murió en un asalto cuando visitaba a su madre después de hacer públicas unas investigaciones sobre los medios incautados por el gobierno. Las investigaciones periodísticas revelaron contratos con empresas extranjeras como Hacking Team, que vendía software capaz de infiltrarse en teléfonos y computadoras. Y mientras la ciudadanía discutía sobre libertad y soberanía, la SENAIN construía su

propio imperio de vigilancia.


La polémica del espionaje alcanzó incluso el plano internacional. Durante el asilo de Julián Assange en la embajada ecuatoriana en Londres, informes investigativos demostraron que la SENAIN habría participado en su protección y en su monitoreo. Un laberinto donde la política, la diplomacia y el espionaje se confundían. El antecedente surgió en el año 2012 cuando el gobierno del presidente de mi amigo le otorgó asilo político a Julián Assange, fundador de WikiLeaks, en la Embajada de Ecuador en Londres.


Assange estaba siendo perseguido por los Estados Unidos por publicar documentos secretos del Pentágono y el Departamento de Estado. El gesto fue visto por el presidente de mi amigo como un acto de soberanía y desafío al poder norteamericano, y convirtió a Ecuador en el centro de una tormenta diplomática mundial. A partir de 2012, la SENAIN asumió la protección, vigilancia y control del entorno de Assange dentro de la embajada, pero con el tiempo, esa misión se volvió mucho más


oscura. Según documentos filtrados por The Guardian, Reuters y Plan V, la SENAIN

implementó un operativo de inteligencia secreto llamado “Operación Hotel” (también

conocido como “Operación Guest”).

Sus funciones incluían:

  1. Monitorear las visitas de Assange (periodistas, activistas, abogados).

  2. Grabar video y audio dentro y fuera de la embajada.

  3. Analizar los dispositivos electrónicos de los visitantes.

  4. nformar directamente al gobierno ecuatoriano sobre sus actividades y

comunicaciones.


El proyecto habría costado millones de dólares del presupuesto ecuatoriano y gran parte de ese dinero se usó para contratar empresas de seguridad privada en Londres, adquirir equipos de vigilancia digital, y financiar un sistema de monitoreo remoto desde Quito.


Las investigaciones revelaron que la SENAIN no solo protegía a Assange, sino que también lo espiaba. Los agentes registraron sus movimientos, su estado de ánimo, e incluso sus interacciones con colaboradores de WikiLeaks. En algunos informes, se mencionaba que la SENAIN temía que Assange filtrara información sensible sobre Ecuador o sobre el propio presidente de mi amigo y en Ecuador se llegó a comunicar que Assange organizaba fiestas privadas donde desbarataba la embajada de Ecuador y hasta se llegó a decir que había manchado las paredes con excremento humano.

En el año 2018, el presidente que reemplazaría al presidente de mi amigo cerró la SENAIN y en 2019 le retiró el asilo político a Assange, permitiéndole su arresto por la policía británica. Para el año 2022 el presidente Lasso derogó la ley de comunicación transformándola en una ley que garantice la libertad de expresión en Ecuador, sin embargo, las secuelas de la persecución y el posible retorno de este líder hace que muchosperiodistas prefieran no tocar el tema hasta que haya una justicia que los proteja.

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