Entre polarización política radical e injerencia extranjera: Las graves amenazas en España

¿Cuál es el objetivo de la política? De entrada, podríamos responder a esta pregunta en automático con cuestiones básicas como la organización de una comunidad, el establecimiento de reglas para mantener el orden social o garantizar los derechos humanos de toda la población. Para afirmar tal cosa, cabría entender a la población como un conjunto de individuos con ciertas responsabilidades como la convivencia social pacífica basada en virtudes o la participación activa y responsable en la vida democrática y civil.

En la teoría suena ideal, pero ¿funciona así en la práctica?
El momento histórico en el que vivimos nos revela una realidad muy distinta, donde por un lado los ciudadanos vivimos en una profunda división social y política, y al mismo tiempo los gobernantes se benefician de ello (e incluso la avivan) para ganar votos y acercarse al poder.
Este fenómeno tiene un nombre: polarización política. Y aunque no es algo nuevo, recientemente ha llegado a niveles radicales en países como España, y las implicaciones de ello son sumamente preocupantes no solo en el presente, sino también de cara al futuro.
La radicalización española.
Es importante aclarar que el problema de la polarización política no radica en la diferencia de opiniones, al contrario, la diversidad de perspectivas es tan natural como sana siempre y cuando se conduzca hacia un diálogo basado en la escucha activa y el respeto hacia el que piensa distinto. El problema surge precisamente cuando la discusión ideológica es meramente conflictiva y se convierte más en una competencia por tener la razón y demeritar al otro, que en una búsqueda genuina por encontrar soluciones reales a problemas reales.
En este artículo se busca hacer una lectura crítica hacia la polarización y su caída en la radicalidad, así como en las consecuencias que de ella pueden derivar. Para ello nos centraremos en la situación actual de España.
En España, ser de izquierdas o de derechas ha dejado de tratarse simplemente de una postura política y se ha convertido en una cuestión casi de identidad personal, donde se espera que uno elija su “bando” y en función de ello rechazar tajantemente toda opinión o propuesta que venga del otro polo, eliminando por completo el pensamiento crítico y haciendo de la política española una competencia de fanatismos. Este fenómeno se ha visto reflejado recientemente en el contexto de las próximas elecciones generales, donde el partido de extrema derecha “Vox” gana apoyo entre muchos jóvenes, mientras que la gente de izquierda se enfrenta al dilema de la incertidumbre electoral, producto de una fragmentación entre los partidos izquierdistas y la ausencia de una opción plenamente fiable.
En esta línea, cabe resaltar que la votación general que tendrá lugar el 29 de noviembre parece perfilarse más hacia una competencia cuyo objetivo será “que pierda el otro”, que a un asunto verdaderamente objetivo y centrado en solucionar los problemas y preocupaciones de la población española. Por un lado, los partidos derechistas Vox y PP se posicionan como la alternativa necesaria al gobierno altamente deficiente de Pedro Sánchez (PSOE); mientras que la inquietud del voto izquierdista está en evitar las consecuencias sociales y políticas de una hipotética victoria de la
derecha.

¿Quién gana con esta polarización?
No es ni secreto ni novedad que los principales beneficiarios de la división política de los ciudadanos son los políticos y sus respectivos partidos. El concepto histórico del “divide y vencerás” se respira en el ambiente de varios países en la actualidad, particularmente en España. Y es que la polarización política no es más que una estrategia utilizada por aquellos que aspiran al poder para comprar un apoyo incuestionable de un sector de la población que están dividiendo para su propio beneficio.
¿Y cómo es que esto funciona? Para ello hay que tomar en cuenta sus diferentes herramientas:
1. La fidelidad basada en la identidad.
El surgimiento de discursos políticos extremistas y la manipulación de la narrativa por parte de la clase política provocan que muchos ciudadanos opten por elegir un partido en concreto y defenderlo bajo cualquier circunstancia como si de un equipo deportivo se tratase. Con esta situación, los partidos políticos ganan doblemente: en primer lugar, obtienen un apoyo popular incondicional que les facilita su estabilidad en la búsqueda del poder; y por otro, cuando logran ese voto garantizado por el fanatismo, entonces el debate político sobre propuestas concretas en la solución de problemas reales pierde todos los reflectores, y con ello obtienen una potencial puerta abierta a ganar unas elecciones sin siquiera la necesidad de comprometerse ante asuntos complejos y necesidades profundas de la población.
2. La simplificación del discurso y la falacia de falsa dicotomía.
Al pueblo se le presentan dos únicas opciones: la derecha y la izquierda. Con ello, se le hace creer que no hay más alternativas, que apoyar a un lado implica rechazar todo lo que venga del otro. Se vende una narrativa donde el análisis crítico y la apertura a otras ideas son vistas casi como una traición a tu postura política, y aquellas ideologías más “centristas” son tachadas de tibias o directamente inviables. A este suceso se le conoce como falacia de la falsa dicotomía. El engaño del “Nosotros contra ellos”.
Con esto lo único que se fomenta es el reduccionismo del debate político, la movilización del voto basada en el miedo o el odio al “bando contrario”, y, a su vez, una fidelidad ciega al propio partido en el que pareciera ser que a uno no se le permite cuestionar ni criticar las decisiones del partido por el que ha votado. Para este punto, la politización puede vulnerar incluso la libertad de expresión y la capacidad humana de raciocinio, así como la posibilidad de cambiar de opinión y de manifestarse en búsqueda de justicia cuando el contexto sociopolítico así lo requiere. Y en donde los ciudadanos enfrentan una infracción a sus libertades, los gobernantes y candidatos ven una oportunidad de acercarse al poder.
3. La apelación a las emociones y las redes sociales.
¿Y qué es lo que les queda a los políticos cuando el debate se reduce a una pelea superficial entre dos bandos? Apelar a las emociones.
Y esto lo hemos podido presenciar últimamente en España en repetidas ocasiones. Por mencionar algunas, primero fue el desahucio y posterior fallecimiento de Maricarmen, luego los disturbios y saqueos en Barcelona y por último el accidente ferroviario en Toledo. ¿Qué tienen todos ellos en común? Son catástrofes y tragedias que fueron utilizadas por los partidos políticos españoles para sembrar más odio y división entre el pueblo, y a su vez, rascar algunos votos en el marco de las inminentes elecciones generales.
No olvidemos que en dos de estos lamentables sucesos hubo pérdidas humanas y desapariciones. Y más allá de las opiniones políticas y de la reclamación de justicia ante tales hechos (que, cabe recalcar, es necesaria), existe una línea entre la genuina preocupación por los afectados, y el mero aprovechamiento de la situación como estrategia electoral. Una línea que nadie bajo ningún contexto debería cruzar.
Esta y demás formas de polarizar a la población han sido altamente impulsadas por la difusión de contenido digital en redes sociales, particularmente Tiktok, X (twitter) y Telegram. A través de vídeos, imágenes y noticias, ya sean manipuladas, sesgadas o con fines propagandísticos, se ha facilitado la ruptura social ya no solo en España sino en varios lugares del mundo en la actualidad.
En la mira de Marruecos e Israel: el papel de los lobbies extranjeros en época electoral.
Es importante mencionar que los partidos políticos no son solamente las caras que vemos, sino también aquellos intereses silenciosos que a manera de presión influyen en sus decisiones. Es decir, los lobbies. En el caso de España, los lobbies extranjeros han ganado bastante fuerza a tal punto que dejaron de ser tan ocultos y ahora podemos ver la influencia de intereses del exterior en el presente (y quizá futuro) de la política española. Para ello merece la pena abordar la importancia de dos países con especial participación en este asunto: Marruecos e Israel.
a. El lobby marroquí y la “sumisión” de Pedro Sánchez.
La estrategia de influencia de los intereses marroquíes en España se ha llevado a cabo a través de una red profunda que combina actores diplomáticos, presión geopolítica, editoriales de prensa a favor de Marruecos o persecución a periodistas que critican al régimen de Mohammed VI.
Paralelamente, el Gobierno actual de Pedro Sánchez se ha visto marcado por una evidente posición favorable a los intereses del país africano, por ejemplo, en el reconocimiento del control marroquí sobre el Sáhara Occidental, en el otorgamiento de créditos de casi 800 millones de euros para la modernización de su infraestructura o en la deficiente respuesta ante la crisis migratoria en Ceuta y Melilla.
Mientras Sánchez defiende que Marruecos es un aliado primordial y estratégico de España, la opinión pública crítica su posición como un alineamiento total a los intereses marroquíes. Más allá de las opiniones, lo que sí es una realidad es que la red de influencias del vecino africano en Madrid ha resultado un éxito total con el gobierno actual.
b. La influencia de Israel en Vox y en la actualidad española.
El mayor crítico de la alineación de Sánchez con Marruecos ha sido el partido de ultraderecha Vox, siendo que este último tampoco está en una situación tan distinta. Y es que de acuerdo con un recuento de la Coalición Europea por Israel (un lobby de presión israelí), Vox es el partido político que más apoya los intereses israelíes en toda Europa. Esto se ve reflejado en el aplastante respaldo de los eurodiputados de Vox a la posición israelí en el Parlamento Europeo, en la reunión de Santiago Abascal con Netanyahu en 2024 y en la estrecha relación entre el lobby proisraelí “ACOM” y el partido derechista español.
En el contexto de las elecciones nacionales, exmiembros del grupo parlamentario de Vox como Carla Toscano, Juan García Gallardo o Javier Ortega Smith han advertido que las listas electorales del partido de ultraderecha son dictadas por el lobby israelí ACOM en función de los intereses de Tel Aviv.

Entre los intereses de Israel en España están el control del Estrecho de Gibraltar, la revocación de la posición española sobre el reconocimiento del Estado de Palestina y su respaldo a los ataques israelíes en Líbano e Irán, el fortalecimiento de relaciones comerciales y tecnológicas e, irónicamente, también tienen un interés estratégico en mantener unas relaciones estables entre Marruecos y España, siendo que el país africano es un aliado clave para los israelíes.
En este orden de acontecimientos, podemos concluir que las consecuencias de la polarización política pueden ser, y están siendo mucho más grandes de lo que a simple vista pueda parecer. Y es que ya no solo se limita a la división social, sino que tampoco se detiene únicamente en beneficiar a los políticos nacionales, sino que también puede significar una oportunidad de oro para la injerencia extranjera en territorio ajeno.
Al final del día, si lo que se tiene es un pueblo dividido y sesgado cuyo fanatismo político les lleva a votar sin cuestionar y a insultar sin escuchar, entonces no habrá impedimento alguno para que actores del exterior influyan en el futuro de países como España. Tan solo basta con mantenernos peleando entre nosotros para que nunca miremos hacia arriba.
La unidad del pueblo español en tiempos de necesidad: un aire fresco de esperanza.
Los españoles y las españolas son mucho más que sus diferencias ideológicas, y la fragmentación que puede vivirse en este momento histórico no le hace justicia a la verdadera unidad, solidaridad y empatía que caracterizan a este país.
Misma unidad que se ve reflejada en momentos donde más se necesita, ejemplo de ello el reciente choque de trenes en Toledo, y las interminables filas de gente dispuesta a donar sangre y ayudar a quien más lo necesitara. Esa es la esencia de un pueblo que merece más política verdadera, una que vele por sus derechos, intereses y necesidades; y menos políticos que se aprovechen de dividir, manipular y sembrar odio tan solo para saciar su hambre de poder.
Y para conseguirlo, el pueblo tendrá que estar unido. Porque este también es un momento de máxima necesidad. Es el mes de unas elecciones nacionales que marcarán el futuro cercano de este país. Y ese futuro está en las manos de cada persona que vaya a votar. Porque independientemente del color que lleve su voto, la responsabilidad más grande radica en votar con consciencia, con información, con pensamiento crítico y con respeto al que vote distinto.
Esas cualidades no pueden perderse nunca, pues un pueblo consciente y unido es lo que cualquier comunidad necesita. Y a lo que cualquier político teme.



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