DEJAR DE SERVIR ES DEJAR DE EXISTIR: Una reflexión con Kafka, Weber y Arendt.
- Emilio Hernández

- 17 nov
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 23 nov
Artículo de Filosofía escrito por Emilio Hernández Ramos.
El día en que Gregor Samsa se despertó de un sueño intranquilo y se encontró convertido en un enorme insecto, entendió, horrorizado, que el mundo ya no lo quería, pues había perdido su capacidad de trabajar.
Este artículo reflexiona sobre el verdadero valor del individuo en una sociedad cimentada

sobre la producción de capital y la funcionalidad laboral. Basado en un $análisis a la obra “La metamorfosis” de Franz Kafka, relacionado a las ideas filosóficas proporcionadas por otros grandes autores como Max Weber y Hannah Arendt, el presente escrito profundiza en la brillante y a la vez oscura analogía kafkiana que nos revela una incómoda realidad: cuando el individuo no tiene nada que ofrecer, la sociedad lo desechará como si se tratase de un horrible animal.
En “La Metamorfosis”, Kafka nos cuenta la historia de Gregor Samsa, un comprometido vendedor viajero cuya labor representa el sustento económico de toda su familia. Sin embargo, la situación se torna complicada cuando Gregor despierta convertido en un monstruoso insecto. Confundido y con dificultad para levantarse de su cama en su nuevo cuerpo, la principal angustia de Gregor es clara desde un inicio: “¡Llegaré tarde al trabajo!”.
Desde este punto, Kafka hace una lectura sombría del valor existencial de Samsa —y del individuo como capital humano—, pues a Gregor no le preocupa su vida más allá de su empleo, pues no tiene vida más allá de su empleo. Su existencia misma siempre ha girado en torno a su trabajo, y al dinero que éste le permite llevar a casa. Su cuerpo e identidad humanas no importan tanto como su capacidad de producción; y el amor que recibe (incluso de su propia familia) está condicionado a lo que puede aportar en el mundo material. Cuando esto desaparece, él también desaparece.
El sociólogo Max Weber explicó este fenómeno de manera teórica incluso antes de haberse escrito “La Metamorfosis”. En su libro “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, Weber describe al capitalismo moderno como una “jaula de hierro”. La estructura de dicho sistema económico es planteada como una prisión invisible para el individuo, donde sus obligaciones y rendimiento laborales miden su valor social al tiempo en que le dificultan o incluso impiden tener una vida fuera del trabajo.
Gregor Samsa encarna esta dura realidad. Incluso antes de convertirse en insecto, él ya entendía su lugar en el mundo como una herramienta de trabajo, como un simple engranaje de maquinaria que le permitía satisfacer las necesidades económicas de su familia a cambio de perder su propia libertad y valor humanos fuera del ámbito productivo. La peor prisión de Samsa no fue el convertirse en insecto, pues él siempre había sido prisionero de un sistema que lo había deshumanizado desde el inicio.

Cuando el mundo se entera del monstruo en que Samsa se ha convertido, pierde su empleo, y su familia lo mira con asco y rechazo. La nueva realidad de Gregor le es insoportable, al punto en que deja de comer, pues ningún alimento le es agradable. Aislado y despreciado por quienes alguna vez dependieron de él, Gregor agoniza en soledad, al tiempo en que su familia encuentra una nueva fuente de ingresos y se olvida poco a poco de él.
La filósofa alemana Hannah Arendt aporta una visión fundamental a este aspecto, una perspectiva que nos recuerda que el ser humano no debería ser definido únicamente por su capacidad de producción. En “La condición humana”, Arendt hace una distinción entre labor (actividad necesaria para sostener las necesidades biológicas, sin efectos duraderos); obra (actividades con efecto duradero que construyen el mundo material humano) y acción (la actividad más libremente humana, ligada a su capacidad de expresarse y relacionarse con otros individuos).
Arendt puntualiza que el verdadero valor del individuo respeta estas tres condiciones de la vida, y reconoce a la acción como la esencia pura del ser humano. Esto nos advierte del peligro al limitar la concepción del individuo a sus actividades laborales necesarias para la supervivencia. Definir el valor del ser humano por su capacidad de producción no es solamente una “jaula de hierro” que encierra a otras dimensiones de la vida, sino que también es una prisión de la esencia misma del ser.
Cuando el reconocimiento que un individuo merece depende directamente del dinero que gana, de las expectativas que cumple y de su alineación a la estructura del sistema, su existencia se reduce a una herramienta cuyo propósito se vuelve meramente económico. En tal caso, al igual que la familia de Samsa, cualquier individuo es fácilmente desechable y reemplazable.
Es así como las visiones de Kafka, Weber y Arendt resuenan con firmeza en la sociedad contemporánea, donde nada aporta más valor social que el dinero, y nada dota de tanta satisfacción al individuo como sentirse sistemáticamente funcional. El ser humano trabaja para vivir y vive para trabajar, está atrapado en un ciclo de una sociedad que exige resultados sin proporcionar un sentido.

Si por cualquier motivo un individuo no tiene la capacidad o la oportunidad de trabajar, se dará cuenta de que su realidad no está tan alejada de la de Gregor Samsa, y la angustia por sentirse indigno de ser visto y respetado, carcomerá su humanidad tan rápido como quien se despierta de un sueño intranquilo convertido en un insecto gigante.
"La Metamorfosis" de Franz Kafka es una icónica obra cuyo mensaje simbólico resuena cada vez más en la sociedad contemporánea. La historia de Gregor Samsa convertido en un insecto gigante, cuya única preocupación es llegar tarde al trabajo, es más que una novela de ficción: es una advertencia existencial y un grito de angustia humana ante una realidad que reduce el valor del individuo a su funcionalidad laboral o a su aportación al mundo material. Cuando el ser humano no tiene nada que ofrecer, entonces no sirve; no vale; no existe.
Este artículo presenta un análisis a profundidad del individuo como herramienta de producción de capital en una sociedad obsesionada con la obtención de resultados laborales, el cumplimiento de expectativas y las respuestas inmediatas; así como el riesgo latente que surge al reducir el valor del ser humano y su vida a una mera cuestión de funcionalidad y aportación económicas.
Basado en el libro "La Metamorfosis" de Kafka, así como en otras aportaciones de grandes autores como Max Weber o Hannah Arendt, en este artículo comprendemos el verdadero motivo de la preocupación de Gregor Samsa, y cómo esta historia es un ejemplo más de la realidad superando a la ficción. Además, bajo la mirada sociológica de Weber con su "jaula de hierro" y la perspectiva filosófica de Arendt sobre las tres condiciones de la vida humana (obra, labor y acción), logramos tener una visión más amplia, objetiva y profunda de lo que significa ser humano;

entendemos que la vida es y debería de concebirse mucho más allá del mero ámbito laboral, y nos ofrece una mirada más esperanzadora: aún en una sociedad donde el valor se basa en el dinero, y la aprobación se basa en resultados, todavía se puede volver a esa humanidad real, donde existir es más que solo trabajar; y aportar algo al mundo no tiene por qué ser una obligación, a veces surge de forma natural en expresiones tan humanas que nos recuerdan que el valor de la vida misma no tiene por qué reducirse al cumplimiento de una agenda rutinaria; y, si alguna vez llega a ser así, entonces no estamos tan lejos de convertirnos a nosotros mismos en insectos gigantes con miedo de dejar de servir; y por lo tanto, de dejar de existir para el mundo.







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