El Mediterráneo como conexión y no frontera: objetivos estratégicos europeos

Artículo de Asuntos Europeos escrito por Elena Azorín

Fernand Braudel escribió en El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la Época de Felipe II: “El Mediterráneo es mil cosas a la vez. No es un paisaje, sino innumerables paisajes. No es un mar, es una conexión de mares.” Es un puente entre países, pueblos, economías, idiomas, costumbres y civilizaciones. Alberga algunas de las principales vías de navegación comercial del mundo, y sus aguas y costas han facilitado durante milenios el intercambio comercial, el turismo y la conexión entre Europa, África y Asia. Pero, de la misma manera que los países ribereños no solo se benefician de las ventajas y fortalezas de estar bañados por este mar, sino que también están expuestos a sus debilidades y amenazas.
Esto no tiene que verse necesariamente como “algo malo” o solo como una larga lista de problemas que hay que solucionar; se pueden ver como retos a los que enfrentarse, como soluciones, oportunidades y formas de explorar ventajas que antes no se podían ver. Todo esto se debatió el pasado lunes en el acto organizado por Equipo Europa CV, en la Casa del Mediterráneo. En la llamada “Jornada Europa y el Mediterráneo - Diálogo para el Futuro del Levante”, Millán Requena - Profesor Titular de Derecho Internacional Público en la Universidad de Alicante - Marcos Ros - Eurodiputado de S&D - y Sandra Pascual - Diputada del PP; compartieron sus opiniones sobre el papel estratégico que este mar tiene dentro del proyecto de la Unión Europea.
Durante dicho encuentro, quedó patente que los ponentes sabían que el mar es un punto estratégico para solucionar algunos de los problemas que acechan a la Unión Europea. Sin embargo, para avanzar no basta con elaborar una lista innumerable de cosas por hacer; es necesario analizar sus causas, plantear posibles soluciones y reorganizar nuestras prioridades. Marcos Ros era consciente de que serían necesarias varias propuestas, ideas y planes de acción. Por ello, hemos pensado en cuáles son estas debilidades y amenazas a las que se enfrentan, no solo la UE, sino los países ribereños, las ONGs y los habitantes de estos y las organizaciones internacionales que velan por el bienestar de las personas y de nuestro planeta.
En consecuencia, hemos planteado las debilidades y amenazas que afectan a la UE, a los países ribereños, a sus habitantes y a las organizaciones internacionales que velan por el bienestar común. Para estructurar estas debilidades con rigor, cualquier economista nos aplaudiría: hemos abordado el mar como si fuera una multinacional en crisis, desglosando amenazas, fijando objetivos a cumplir y diseñando casi un organigrama por proyectos. Al fin y al cabo, salvar el planeta también requiere un buen plan.

AUTONOMÍA ESTRATÉGICA DE EUROPA
El primer proyecto que encontramos es la Autonomía Estratégica Europea. Necesitamos una UE que no dependa de terceros países para abastecer a su población y cubrir las necesidades de los Estados miembros y de sus ciudadanos. La pandemia de 2020 y la subida de los precios del petróleo y el gas, derivada de la guerra de Ucrania y los conflictos de Oriente Medio (entre otras causas), nos mostraron lo dependientes que podemos ser de otros países. Para ello, la UE ha propuesto el plan REPower EU; con él pudimos reducir las compras de los Estados miembros a Moscú. Dado que países como Alemania dependían casi enteramente de la energía de este país. Gracias a este plan, la UE ha reducido drásticamente su dependencia de Rusia.
Sin embargo, aún estamos comprando la energía a terceros países, ya que no contamos con la suficiente para autoabastecernos. Noruega se ha convertido en el líder de suministro de gas natural, sustituyendo a Rusia. Pero, aunque este país pertenezca al Mercado Único Europeo, no es miembro de la Unión. Por lo tanto, a los Estados miembros aún les queda trabajo por hacer. Por otro lado, en el sur de Europa, países como España e Italia, obtienen su energía mayoritariamente de Argelia. Además, compramos petróleo y gas natural a otros países como Estados Unidos, Azerbaiyán o Kazajistán.

Pero, insistimos, es importante que seamos capaces de producir nuestra propia energía. En este sentido, la producción de energías sostenibles ha tenido un gran auge en toda la UE, destacando Alemania, España y los países nórdicos. Se han roto récords de instalación de parques solares fotovoltaicos y la producción de energía eólica, tanto terrestre como marina, continúa aumentando. A largo plazo, existen planes muy ambiciosos, y hay informes que demuestran que Europa cada vez es más autosuficiente a nivel energético, como el Strategic Planning Outlook 2026 de Wood Mackenzie. Debemos seguir este camino y no rezagarse.
Otro factor determinante para conseguir dicha autonomía es la defensa, o mejor dicho, no depender de otros países para poder proteger nuestros países. Desde que la UE y la administración de EE. UU., bajo el mandato de Trump, han alejado sus posturas y tienen una mirada geopolítica distinta; la Unión se ha dado cuenta de que no puede refugiarse siempre bajo el paraguas de la OTAN. Ya que, por diversos motivos, esta alianza depende financieramente y materialmente en su gran mayoría de Washington.
La idea, sin embargo, no es renunciar a la OTAN sino conformar una “estructura europea de autonomía operativa”. Europa debe contar con planes, herramientas y recursos militares propios. Para ello es necesario desarrollar un buen transporte estratégico (que, evidentemente, necesita una buena conexión intraeuropea, de la que hablaremos en el siguiente punto), su propia defensa antimisiles, sus sistemas de ciberseguridad e IA y satélites espaciales europeos. Para cumplir con estos objetivos, la Comisión Europea, lanzó el Fondo Europeo de Defensa.
Y, finalmente, para ser más autónoma, Bruselas tiene que reindustrializarse, esto mismo es lo que apuntaba el Informe Draghi. Es importante que se desarrolle un buen tejido industrial basado en la innovación y la tecnología. Europa, ahora mismo, depende de países externos, sobre todo de China, para la compra de semiconductores, componentes técnicos, materias primas estratégicas y tierras raras. Los Estados miembros han de desarrollar industrias químicas, automovilísticas y tecnológicas, para dejar de depender de terceros países.
CONECTIVIDAD MEDITERRÁNEA

El segundo punto a tratar es la conectividad mediterránea, esa conexión intraeuropea que sea la base para un transporte estratégico militar, comercial, energético y de civiles. Ahí entra el megaproyecto del Corredor del Mediterráneo. Un eje ferroviario de más de 3000 km que formará parte de la Red Europea de Transporte. Gracias a esto, se elimina la necesidad de intercambiar mercancía, recursos o materiales de un tren a otro en la frontera de los Pirineos. Lo que garantiza un viaje sin interrupciones desde el sur de España al centro de Europa. Desde puertos clave en el Mediterráneo, como son los de Cartagena o Huelva, hasta las fábricas del norte, este y centro de Europa.
Este corredor es también necesario para conseguir la aclamada autonomía estratégica, tanto energética como militar. Dado que España cuenta con los puertos regasificadores más grandes de Europa. Con el Corredor se podrían conectar ciudades de manera terrestre para no depender únicamente del transporte marítimo de la energía. Además, son varios los proyectos que tratan de convertir este corredor en un corredor de hidrógeno. De manera que el sur de Europa se convierta en un proveedor de hidrógeno verde y de energía verde. Convirtiendo a los países del sur en el motor energético del resto de Europa. En cuanto a la autonomía militar, este corredor facilitaría el desplazamiento de tropas, vehículos pesados y armamento.
Y esto, a su vez, sería beneficioso para el comercio tanto interno como externo. Y es que el Mediterráneo es la puerta de entrada global, que une a Europa con el resto del mundo. Y conecta con las grandes rutas comerciales de nuestros puertos. Ahora, son muchos los barcos que rodean la Península Ibérica, para que sus productos lleguen al interior de Europa, pero con este corredor ya no sería necesario, porque la Península estaría conectada vía trenes.
RESILIENCIA EUROPEA
El tercer objetivo, que depende en gran parte de los dos anteriores, es la resiliencia europea. Al aumentar la conectividad entre países y tener una mayor autonomía a diferentes niveles, será más fácil reaccionar de manera rápida y efectiva a las crisis y emergencias que surjan. Eso no quita que necesitemos nuestro “kit de supervivencia”, ya que cada vez los fenómenos meteorológicos son más extremos (incendios, sequías, lluvias, tornados, olas de calor…) y existen los virus o los apagones. La pandemia nos enseñó que si trabajamos juntos podemos solventar crisis y que tenemos que ser precavidos. Teniendo protocolos y planes de acción y una mejor conexión para transportar medicamentos, material sanitario, soporte básico y personal de rescate y sanitario, reaccionaremos y acabaremos antes con las emergencias que surjan en cualquier Estado miembro.
SEGURIDAD HUMANA
La cuarta meta, es la seguridad, pero no desde un punto de vista militar, sino humanitario. Inevitablemente, cuando hablamos del Mediterráneo, también hablamos de rutas migratorias. Por ello, es necesario contar con una base material que facilite la gestión ética de las fronteras, la cohesión social y la protección de los Derechos Humanos. Tener esta autonomía estratégica que permita desarrollar en los Estados Miembros un tejido productivo fuerte y en crecimiento, ayuda a que estos mantengan una riqueza estable y unas bases fiscales sólidas.La reindustrialización de Europa, tendría que fundamentarse en los Derechos Humanos y el Estado Social. De esta manera se podrían crear puestos de empleo dignos. Y los Estados tendrían la capacidad de crear vías de migración legales y diseñar proyectos que faciliten la inserción laboral y social de los migrantes. Reduciendo la economía sumergida y la precariedad laboral.
Asimismo, una Europa cohesionada, conectada y autónoma no cede tan fácilmente a las presiones externas. Y es que son numerosas las veces que la migración se ha utilizado como un arma de presión. Los españoles y, sobre todo, los ceutíes somos conscientes de cómo Marruecos utiliza este recurso para presionar a España; este mismo julio lo hemos vivido. Tener un Plan de Migración y Asilo justo, que reparta las responsabilidades entre los Estados Miembros, y apostar por la cooperación entre socios europeos. Una respuesta unida y coordinada disuadiría a terceros Estados de ejecutar estas estrategias y, al mismo tiempo, evitaría que la Unión Europea o el Estado miembro afectado colapsara ante este tipo de crisis. Por no decir, que una mejor conexión mediante el corredor mediterráneo ayudaría a la coordinación policial y salvamento marítimo. Permitiendo a los cuerpos de seguridad y al mismo FRONTEX desplazarse mejor entre países.
PROYECCIÓN INTERNACIONAL Y PROSPERIDAD COMPARTIDA
En las últimas décadas la UE ha ido perdiendo presencia internacional, primero ante los EE. EE. UU. y recientemente ante China. Por diversos motivos, entre ellos ser una unión integrada por 27 países (es más difícil llegar a acuerdos y mayorías, cada país tiene sus propios intereses aparte de los comunes), dependencia del exterior, menos capacidad militar y un gran retraso a nivel tecnológico y empresarial. Por ello, la reindustrialización del continente, la inversión en energías renovables, el aumento de la conectividad intraeuropea y conseguir ser autónomos ayudarán a la Unión a conseguir la solidez necesaria para proyectarse como un socio geopolítico, comercial y económico fiable y creíble. No, solo ello, si estos objetivos se cumplen siguiendo los principios de la UE - dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de derecho y Derechos Humanos - también sería vista como una autoridad modélica moral.
Centrándonos en el Mediterráneo, si vemos a nuestros vecinos, no solo como una mina infinita de recursos o “posibles amenazas”, sino como aliados, el mar que nos une se podría convertir en un eje de prosperidad compartida. Teniendo en cuenta que somos recíprocamente (países europeos y norteaf
ricanos) unos de los proveedores más cercanos, deberíamos coinvertir en la instalación de infraestructuras y en lograr más acuerdos comerciales. Porque estos países no solo son vendedores de energía, sino que también forman parte de la cadena de valor tecnológica e industrial. Asimismo, contribuiremos a la creación de empleo de calidad en los países de origen, mitigando las causas estructurales de la migración forzosa.
El Mediterráneo no tiene que verse como un mar de fronteras, ya que estas no son las que permiten que Europa sea autónoma, social y próspera, y un modelo ético. A partir de la conectividad en Europa, la cohesión interna y la cooperación, podemos crear una UE que cumpla con estos objetivos. Así, no solo creceremos como Unión, sino que los Estados miembros también crecerán y avanzarán en el cumplimiento de sus intereses y en la mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos. E incluso podemos ir un paso más allá y reducir las desigualdades mundiales, consiguiendo esa prosperidad compartida.
Para cumplir estos objetivos, la UE no puede actuar sola, tiene que entenderse con los Estados miembros, con sus órganos políticos nacionales y regionales, con sus autoridades y funcionarios. La Unión debe aliarse con los países ribereños con los que comparte el mar Mediterráneo, con Marruecos, Argelia y Egipto, y ayudar a evitar que haya más Estados fallidos como Libia o más conflictos en la zona. Tiene que ser un ejemplo a seguir, una referencia moral, un inversor y socio económico. Tiene que tener en cuenta las demandas de la sociedad civil y de las ONG y trabajar con ellas. Ha de apoyarse en el derecho internacional, en el resto de organizaciones internacionales, como la misma ONU, ACNUR, CODENAF, la OMS, el FMI, Ola MC y un largo etcétera de instituciones.
Los objetivos estratégicos de Europa dentro del Mediterráneo no son una empresa menor. Son puntos clave en el avance del proyecto europeo; por ende, no se tiene que escatimar en proyectos, inversión, planes de acción, iniciativas, legislación y actores involucrados. Solo de esta manera la Unión Europea podrá ser autónoma.




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