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BRASIL DESDE DENTRO: DOS TESTIMONIOS SOBRE UN PAÍS DIVIDIDO

openyouth2025
hace 8 minutos
6 min de lectura

Clarissa Stavinski, abogada criminal de 27 años de edad, desde la ciudad de Guarapauva (región del sur), y Patrick Lima, abogado civil de 46 años, desde João Pessoa, el nordeste, nos cuentan cómo han vivido las elecciones brasileñas de 2026, una campaña marcada por la tensión política, las diferencias sociales y la incertidumbre sobre el futuro del país.


Brasil es un país demasiado grande y diverso como para entenderlo únicamente a través de sus resultados electorales. Detrás de cada voto hay una historia, unas circunstancias y una forma distinta de vivir la política.


En las últimas elecciones presidenciales, la división política volvió a hacerse visible en las calles, en las redes sociales y también en espacios mucho más cotidianos, como las familias o los lugares de trabajo.


Para conocer cómo se ha vivido este proceso desde dentro, hemos hablado con dos ciudadanos brasileños que lo han experimentado desde realidades muy diferentes. Clarisa vive en el sur del país, una región tradicionalmente más conservadora, mientras que Patrick reside en João Pessoa, en el estado de Paraíba, al nordeste de Brasil, donde el apoyo a Lula ha sido históricamente mayoritario.


A través de sus respuestas conocemos algo más que dos perspectivas políticas: descubrimos cómo una campaña electoral puede influir en la convivencia, las relaciones personales y las preocupaciones de la ciudadanía.

 

1. Dos regiones, dos formas de vivir las elecciones

¿Cómo se ha vivido la campaña electoral en vuestra ciudad o región? ¿Se ha notado mucha tensión?


CLARISSA: Vivo en la región sur de Brasil, una de las zonas más conservadoras y bolsonaristas del país. Durante la campaña era habitual ver pegatinas de Flávio Bolsonaro y banderas brasileñas en los coches. En cambio, apenas había manifestaciones públicas de apoyo a Lula, precisamente por miedo y porque somos mayoría conservadora.

La tensión era enorme. Yo, por ejemplo, doy clases en una universidad privada cuyos propietarios son simpatizantes de Bolsonaro. Allí no podía, y todavía no puedo, mostrar mi apoyo a Lula porque corro el riesgo de que me despidan.


PATRICK: Vivo en João Pessoa, en el nordeste de Brasil, una región que históricamente ha apoyado al Partido de los Trabajadores (PT), especialmente a Lula. Durante sus anteriores gobiernos, esta parte del país experimentó un crecimiento económico y una reducción importante de la pobreza.


Para que os hagáis una idea, el 69,37 % de los votantes del nordeste apoyó a Lula en la segunda vuelta.


A pesar de ello, había mucha preocupación entre sus simpatizantes. Los votantes de Lula y quienes no querían que ganase el candidato contrario temían posibles agresiones, ya que se habían producido episodios de violencia durante la campaña.


En las manifestaciones convocadas en Paraíba, las calles se llenaban de rojo. Ver a tanta gente salir a apoyar a Lula nos daba una idea de lo que podía ocurrir en las urnas, aunque eso no significaba que viviéramos las elecciones con tranquilidad.

 

2. Cuando hablar de política deja de ser algo sencillo

¿La gente habla abiertamente de política o es un tema que se evita en el trabajo, con los vecinos o con los amigos?


CLARISSA: Es difícil hablar de política. Normalmente solo lo hacemos cuando estamos con personas que piensan como nosotros. Si no, es un tema delicado que preferimos evitar.


PATRICK: Dentro de los propios grupos sí se hablaba abiertamente, pero en muchas familias y grupos de amigos se evitaba el tema. Esto ya ocurría desde las elecciones anteriores.


La sociedad estaba muy dividida. Por un lado, estaban los progresistas, los movimientos sociales y los colectivos que defendían determinados derechos; por otro, quienes se identificaban con la idea de ser «gente de bien», bajo lemas como «Dios, Patria y Familia».

Todo lo que iba mal en Brasil parecía ser culpa de la izquierda, de las universidades públicas o de los progresistas. Cuando surgían debates entre ambos sectores, muchas veces las diferencias terminaban en insultos e incluso agresiones físicas.


En mi edificio, que tiene quince viviendas, solamente tres apoyaban a Lula. Os podéis imaginar cómo nos trataron. Pero, al final, ¡fueron ellos quienes tuvieron que aguantar nuestra celebración!

 

3. Las redes sociales también fueron protagonistas

¿Habéis visto mucha propaganda electoral en las calles, en los medios de comunicación o en las redes sociales?


CLARISSA: La mayor parte de la propaganda se concentró en las redes sociales, aunque también veíamos pegatinas en los coches, folletos y banderas en las avenidas.


PATRICK: Había bastante propaganda electoral, especialmente de la oposición. En las redes sociales, la izquierda también tuvo una presencia importante. Sin embargo, durante la segunda vuelta, muchas veces terminábamos viendo contenidos de nuestro propio entorno político.


Al final, acabábamos dentro de una especie de burbuja: veíamos principalmente mensajes de personas que pensaban como nosotros. En cierto modo, eso ayudaba a sobrellevar aquellos días, pero también hacía que fuera más difícil conocer lo que estaba ocurriendo fuera de nuestro propio círculo.

 

4. El bolsillo también decide: economía, seguridad y corrupción

¿Qué preocupaba más a la gente durante la campaña? ¿La economía, la seguridad, la corrupción u otras cuestiones?


CLARISA: Se hablaba mucho de los impuestos, de las empresas que estaban cerrando y de la corrupción. Después de las elecciones también se han empezado a plantear boicots contra establecimientos que apoyaron a Lula y posibles despidos de trabajadores.


PATRICK: Se habló de todos esos temas, pero creo que la forma en que se abordaban, especialmente desde la izquierda, no siempre llegaba a la población pobre y trabajadora.


A la gente le daba igual que Brasil tuviera la inflación controlada o que estuviera viviendo un momento histórico en términos de empleo. La sensación era que las cosas estaban cada vez más caras. La mayoría quería saber qué iba a mejorar en sus vidas de manera inmediata.


Durante el Gobierno de Lula hubo avances en cuestiones como el salario mínimo, el empleo y los programas sociales. Sin embargo, esos datos no siempre se traducían en una sensación de mejora en el día a día.


También me preocupa mucho el endeudamiento de las familias con menos recursos y el impacto de las plataformas de apuestas deportivas, conocidas como bets. Muchas personas acabaron utilizando dinero que antes destinaban a mantener a sus familias para pagar deudas relacionadas con el juego.


Creo que esa desconexión entre los datos económicos y lo que la gente siente cuando llega a final de mes es importante para entender el resultado de las elecciones.

 

5. La confianza en el sistema electoral

¿Habéis escuchado dudas sobre un posible fraude electoral o sobre la fiabilidad del sistema de votación?


CLARISSA: Constantemente. Especialmente por la intervención del Supremo Tribunal Federal (STF), ante la inacción del Tribunal Superior Electoral (TSE), que terminó ampliando el horario de votación durante la última jornada electoral.


PATRICK: En las elecciones anteriores ya se habló muchísimo de fraude. La extrema derecha sigue defendiendo que las urnas electrónicas no son fiables, pero nunca ha presentado pruebas que demuestren esas acusaciones.


En estas elecciones, mientras la extrema derecha iba por delante, nadie hablaba de fraude. Sin embargo, cuando se conocieron los resultados, Flávio Bolsonaro volvió a cuestionar la fiabilidad del sistema electoral. Esta vez, ni siquiera sus propios seguidores parecieron darle demasiada importancia.

 

6. ¿Y ahora qué? Las expectativas ante el futuro de Brasil

Una vez conocidos los resultados, ¿qué esperáis de esta nueva etapa política?

CLARISSA: Creo que uno de los grandes desafíos será recuperar la convivencia y el respeto entre personas que piensan diferente. Mi propia experiencia demuestra que todavía existen dificultades para expresar determinadas opiniones políticas, especialmente en el trabajo, sin miedo a sufrir consecuencias.


PATRICK: Lo que espero de este nuevo y último mandato de Lula es que realmente se sitúe más a la izquierda y gobierne con el pueblo.


Después de mucho tiempo, hemos aprendido que podemos gobernar sin el apoyo del poder legislativo. La gente organizada ha demostrado que tenemos fuerza para cambiar las cosas. Eso es lo que ha ocurrido en esta segunda vuelta.


Esa es mi gran esperanza: que Lula escuche más al pueblo y menos al «mercado».

 

Más allá del resultado electoral

Las experiencias de Clarisa y Patrick muestran dos formas diferentes de vivir unas mismas elecciones. Desde el sur y el nordeste, sus relatos coinciden en algo: la política ha dejado de ser una conversación más para convertirse, en determinados contextos, en un motivo de enfrentamiento y preocupación.


Sus testimonios también ponen sobre la mesa cuestiones que no desaparecen cuando termina una campaña electoral: la libertad para expresar las propias ideas, la convivencia entre personas con opiniones diferentes y la capacidad de las instituciones para responder a las necesidades de la ciudadanía.


Al final, más allá de los resultados, queda una pregunta que no es exclusiva de Brasil: ¿cómo puede una sociedad recuperar el diálogo cuando las diferencias políticas terminan separando incluso a quienes comparten su día a día?


En Open Voices queremos acercarnos a estas realidades a través de quienes las viven en primera persona. Porque entender lo que sucede en otros países también implica escuchar a las personas que hay detrás de las noticias.

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