Reutilizar sin prejuicios: ¿Qué podemos aprender en España de la cultura de segunda mano alemana?

Artículo escrito por Pablo Valverde Hernández
Ahora mismo estoy viviendo en Alemania y anteriormente he vivido en Suiza, y algo que valoro de vivir aquí es la cultura de darle una segunda vida a lo que uno ya ha usado, pero que está en condiciones para un segundo uso por otra persona.
Resulta un choque cultural ver cómo en estos países las zonas aledañas a los basureros se llenan de objetos de utilidad en buen estado como sartenes, libros, lámparas y ropa. Más allá de nuestro Wallapop o Vinted, en estos dos países germanoparlantes la cultura de segunda mano se extiende mucho más allá de las apps, teniendo sitios específicos donde depositar cosas que ya no usas en la propia calle, consiguiendo que la calle sea espacio de intercambio o de adquisición gratuito. Respecto a las ciudades universitarias en Alemania, suele haber habitaciones del servicio estudiantil o Studierendenwerk en alemán donde encuentras cosas de segunda mano gratis, perfectas para amueblar tu piso de estudiante.

Al mismo tiempo, se tiene la misma idea de dar un segundo uso con las estanterías de libros en la calle, cuya idea es coger un libro ya usado totalmente gratis; normalmente tienes que dejar un libro que ya hayas leído. Esta es una forma de universalizar la cultura y de acercar los libros a cualquier tipo de persona, dando igual su nivel socioeconómico.
Además, para objetos que no funcionan, hay espacios que, de manera gratuita o a un bajo precio, te arreglan aparatos que de primera mano parecen rotos. Con estos ejemplos quiero mostraros cómo de extendida está la visión de alargar el ciclo de vida de los productos, de ser respetuoso con el medioambiente construyendo una economía circular y también de ahorrarse dinero sin importar la clase social.
Para trasladar estas ideas a España y a otros países con una menor conciencia ambiental, sería necesario implementar puntos de reutilización, sin necesariamente ser un punto limpio al que tienes que ir en coche, ofrecidos por los ayuntamientos donde depositar cosas de segunda mano. Esta idea necesitaría de una importante campaña de concienciación para conseguir que no se utilizase para coger los objetos y luego revenderlos, sino que sea para uso propio.

También es importante naturalizar el consumo de segunda mano, siendo igual o mejor que un objeto nuevo. Para ello es clave cambiar las prioridades de consumo. Por ejemplo, con la ropa, en vez de tener la necesidad irracional de estrenar nueva ropa, aunque sea ultra fast fashion, mejor invertir un poco más en ropa de segunda mano de buena calidad.
Con la reparación de objetos se podrían realizar talleres ciudadanos los fines de semana con los que poder conseguir arreglar objetos tecnológicos con fallos menores, ayudado por un experto. Al mismo tiempo que se podría crear comunidad con las personas de tu vecindario, generando espacios de convivencia en un momento en el que la soledad no deseada afecta a muchas personas, también en ciudades.
Para concluir, creo que España tiene que aprender bastante en este aspecto de Alemania y que es importante que desde nuestro propio consumo y desde iniciativas ciudadanas planteemos qué modelo de consumo queremos tener. Es relevante cuestionarse de vez en cuando de qué forma consumimos, si lo hacemos de manera impulsiva y si hay otras alternativas más respetuosas con el medioambiente y que nos ayuden a ahorrar más.


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