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SUSPENSO EN PISA, APROBADO EN DESIGUALDAD SOCIAL

Foto del escritor: Elena Azorín
Elena Azorín
hace 1 hora
4 min de lectura

Artículo de política y economía escrito por Elena Azorín


En las últimas horas, son muchos los telediarios y periódicos que han sido encabezados por los pésimos resultados obtenidos por España en el Informe Pisa, realizado por la OCDE. En este estudio, se muestra la capacidad y destreza de los alumnos de distintos países en tres áreas, a saber: matemáticas, lectura y ciencias. Participan 90 países, 38 son miembros de la OCDE y 32 son asociados. En el caso de España, fueron más de 30 mil estudiantes de 956 centros diferentes los que fueron evaluados en competencias básicas, testeando su capacidad para resolver problemas, pensar de manera crítica y comunicarse de manera efectiva. El resultado es de 473 puntos en matemáticas, 474 puntos en lectura y 485 puntos en ciencias; puntajes que se encuentran por debajo de la media, tanto la del estudio como la de la Unión Europea. Países como Estonia, Irlanda, Bélgica o Singapur superan con creces los resultados de nuestro país. 



Cuando preguntaron al presidente Sánchez por las causas de estos resultados, achacó el problema al aumento del uso de dispositivos digitales. Y sí, es verdad, esta puede ser una de las causas, pero este problema no se puede reducir a una única variable, y menos a una que no depende totalmente de las políticas públicas. Encontramos algunos problemas que derivan de la situación económica en España, como lo son: la precariedad laboral, el elevado precio de la vivienda (mejor dicho, de los metros cuadrados habitables), las largas jornadas laborales que no permiten una buena conciliación en los hogares, sueldos por debajo de la media europea, que impedirían a los padres invertir en mayor medida en la educación de sus hijos. 


El primer punto que vamos a analizar es el sueldo y los gastos mensuales de un español. De media, los españoles de clase media-baja tradicional cobran entre 1.500 y 1.800 euros. De estos, entre el 35-45% se destina a la vivienda, del 20-25% a la alimentación, un 10 o 15% al transporte, alrededor del 12% en ocio y otros gastos, y, si se puede planificar, se suele ahorrar un 10%. Como vemos, hay poco margen para poder gastar en material escolar o en la “educación en la sombra”, es decir, las clases particulares que muchos padres contratan. Ya sean clases de refuerzo, academias para que aprendan un idioma o preparación de exámenes. Las encuestas de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) estiman que la “vuelta al cole” y los demás materiales que necesite un alumno en el año escolar cuestan a las familias 548 euros por hijo, incluyendo libros, ropa, materiales, clases particulares, etc. Por eso, muchas familias no pueden permitirse comprar todo lo necesario o de la calidad adecuada que requieren sus hijos para estudiar y prepararse durante el curso escolar.  


Por otro lado, un español trabaja de media unas 37,3 horas semanales, de manera que los padres no tienen ni el tiempo ni la energía para poder ayudar a sus hijos con los deberes o, al menos, supervisar que los hagan. Y, teniendo en cuenta que España tiene una mayor carga de deberes que la media de la OCDE, 6 horas y media frente a las 5 horas de media, esto es contraproducente. Del mismo modo, los padres no pueden dinamizar el tiempo libre de los niños sin tener que recurrir a las pantallas. Recurren a estas, inevitablemente, para que los niños se entretengan mientras ellos se ocupan de las tareas domésticas o de descansar. 


Para acabar, en este punto, encontramos cómo la vivienda puede afectar al estudio y a la concentración. Mejor dicho, cómo la distribución y la superficie útil afectan. Son varios los estudios que demuestran que la concentración y el rendimiento mejoran cuando la habitación de estudio y la del sueño están separadas. La terapia de control de estímulos, desarrollada por Richard Bootzin y ampliamente reconocida en las publicaciones de la Sociedad Española de Neurología y la medicina del sueño, demuestra que establecer esta “frontera” entre un área y otra ayuda al cerebro a asociar los espacios con las tareas que tiene que realizar y el estado en el que se tiene que encontrar. Además, una buena calidad del suelo ayuda a rendir mejor por el día; separando estas habitaciones, también se consigue que se tengan menos estímulos a la hora de dormir por la noche. 


Pero, en España, es muy difícil poder tener un espacio dedicado solo al estudio. Según el INE (Instituto Nacional de Estadística), el promedio de metros cuadrados de las casas españolas es de 80-90 metros cuadrados. Lo que se traduce en tres habitaciones por casa, que normalmente se distribuyen en una de matrimonio para los padres y las otras dos para los hijos, que de media suelen ser dos. Solo el 15% de las casas de nuestro país cuenta con un despacho o zona de estudio propia. De manera que no hay espacio para una zona de estudio, y buscar una vivienda con una habitación más sería bastante costoso e inalcanzable para el bolsillo de las familias españolas.


Sabemos que son muchos los factores que no hemos analizado respecto a la calidad de la educación. Muchos otros problemas propios del sistema educativo, como los bajos sueldos de los docentes, ratios altas, falta de recursos o poca modernización y la dificultad para digitalizar la enseñanza, entre otros, también contribuyen al "suspenso PISA" de nuestro país. Pero también está claro que los problemas que arrastra la economía española también son un lastre para la enseñanza. Sin tiempo ni recursos, no hay cultura ni exámenes que aprobar.


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