LA MODA HABLA, Y LAS REINAS LO SABEN
- Inmaculada Fernández Alonso

- 16 nov
- 3 Min. de lectura

La moda es un lenguaje. Un sistema de signos que comunica incluso cuando nadie pronuncia una palabra. En la vida pública, donde cada gesto se observa, se analiza y se interpreta, la ropa se convierte en un discurso silencioso pero poderoso. En la política y la diplomacia, donde las palabras están limitadas por la neutralidad y el protocolo, este lenguaje adquiere un peso casi estratégico. Los líderes y representantes no solo se visten: envían mensajes. No eligen prendas al azar: construyen discursos visuales. Cada atuendo puede reforzar valores, proyectar autoridad, cercanía o sensibilidad cultural, e incluso negociar sin palabras.
En la realeza, donde las palabras están limitadas por la neutralidad y el protocolo, este lenguaje adquiere un peso casi político. Las reinas y princesas no se visten: declaran. No eligen prendas: construyen mensajes.
Miuccia Prada, una de las mentes más lúcidas del diseño contemporáneo, lo expresó de forma contundente: “La moda es una manera de decir quién eres sin tener que hablar.”En la monarquía, esta frase se ve bien reflejada. Y Letizia y Kate la encarnan con una precisión casi quirúrgica.

Desde que Letizia Ortiz llegó a la Casa Real española, comprendió que su imagen sería una herramienta. Su trayectoria como periodista la había acostumbrado a leer discursos, pero en la realeza aprendió a construirlos a través de su armario. Su ropa se ha convertido en una gramática institucional: sobria, limpia, afilada, elegante, pero a la vez, moderna y en tendencia. Su mayor fortaleza ha sido siempre apostar por la moda española. Vestidos icónicos como el célebre diseño rojo de Lorenzo Caprile, las numerosas creaciones de Felipe Varela o su inolvidable vestido de novia firmado por Manuel Pertegaz han consolidado a Letizia como una de las reinas que más impulso brinda al sector de la moda de su país.
Además, también ha utilizado la moda como acción social. La vemos apoyando el pequeño comercio valenciano con vestidos y joyas de marcas afectadas por la DANA como Mía Moda y Singularu.
El manejo del color es otra de sus armas. El vestido verde esperanza del Día de la Hispanidad no fue una elección estética, sino simbólica: serenidad, equilibrio, continuidad. Incluso un guiño a las siglas V.E.R.D.E, en un país donde el papel de su marido, y en un futuro, de su hija, es cuestionado día tras día.

Sin embargo, con su hija, S.A.R. la Princesa de Asturias, la Casa Real busca transmitir un mensaje más profundo sobre su identidad, su papel futuro y los valores de la institución. Resulta especialmente significativo el acto de su apertura a la vida pública el día que alcanzó la mayoría de edad. El traje blanco, pulcro y sobrio, que llevó el día que juró la Carta Magna en el Congreso de los Diputados presentó a Dña. Leonor de Borbón como un símbolo de limpieza y regeneración institucional. Como si quisiera romper con el pasado delicado de la monarquía española para centrarse en su futuro. Esa imagen, que combina modernidad y tradición, refleja al mismo tiempo pulcritud y renovación, consolidando la percepción de una monarquía española en transformación.
Kate Middleton, en cambio, maneja la moda desde la tradición pulida y la diplomacia suave. Su forma de vestir refleja una estética muy British-core: clásica y profundamente británica. Kate es sutileza estratégica, continuidad renovada, simbolismo calculado. Su armario dialoga con la historia visual del Reino Unido, con su papel institucional y con la memoria emocional de Diana. Sin necesidad de copiarla, Kate incorpora guiños medidos que evocan a su suegra, manteniendo vivo un legado que forma parte de la identidad colectiva británica.
En política exterior, su vestuario se convierte en diplomacia cultural. Durante su visita oficial al Caribe, Kate volvió a convertir la moda en herramienta diplomática. Eligió vestidos en tonos corales y turquesas —colores muy presentes en la identidad cultural caribeña—, piezas de diseñadores locales y tejidos ligeros propios del clima de la región.
En visitas y actos oficiales, la ropa se convierte en herramienta de diplomacia cultural. Colores, cortes y tejidos inspirados en la nación anfitriona, así como piezas de diseñadores locales, establecen puentes y transmiten respeto antes de que se pronuncie una sola palabra. En grandes ceremonias y galas, los elementos históricos recuerdan legados institucionales, mientras los detalles contemporáneos humanizan a quienes representan la institución, mostrando que proyectar autoridad no está reñido con cercanía o modernidad.
Así, la moda deja de ser solo estética y se transforma en política visual, un instrumento de soft power que comunica identidad, valores y posición en la escena global, demostrando que, en diplomacia y relaciones internacionales, cada elección de vestuario puede ser un primer mensaje, un diálogo silencioso y estratégico




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