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EL SACUDÓN EN SAN JUAN

  • Sebastián Morillo
  • 27 jun
  • 8 min de lectura

Por Sebastián A. Morillo Ramírez


Hormigón, escombros, varillas dobladas, cristales rotos, llanto y silencio. Lo que comenzó como una tarde de celebración terminó convertido en una de las noches más difíciles de recordar para Venezuela.


En la tarde del 24 de junio, mientras en las calles venezolanas se escuchaban con júbilo los tambores de San Juan, canto y celebración, naciente en la cultura venezolana, a las 18:05 minutos de la tarde el cuero de los tambores no estaban retumbando en solitario, dos terremotos continuos con treinta y ocho segundos de diferencia de 7,2 y 7,5 en la escala de richter azotaron parte del norte nacional, siendo este último el más penetrante en la estructura terrestre venezolana, pueden parecer similares el uno al otro, pero la magnitud usa una escala logarítmica, por lo que el segundo seísmo fue casi tres veces mayor que el primero. Este terrible acontecimiento nació entre las ciudades de Yumare (Estado Yaracuy) y Montalbán (Estado Carabobo), pero no fue hasta el segundo evento sísmico que se esparció por toda la zona norte-este del país, siendo la más afectada la región costera.


El Estado La Guaira, anteriormente denominado “Vargas”, recibió la peores consecuencias del terremoto. Luego de veintisiete años del terrible acontecimiento llamado el “Deslave de Vargas”, esta región costera de del Estado venezolano, siendo de los principales puertos de entrada y salida del país, colapsó, solo era posible ver el polvo en el aire luego que tantas zonas residenciales y turísticas fueron abatidas por este acontecimiento natural, miles de personas que disfrutaban sus vacaciones y otras que descansaban del trabajo están desaparecidas, heridas o fallecidas, es de gran preocupación descansaban del trabajo están desaparecidas, heridas o fallecidas, es de gran preocupación que los familiares no consiguen manera de comunicarse con ellas debido a que el servicio de internet y señal telefónica está inhabilitada en la zona, por lo que podemos ver pánico en primer plano en las calles, el hambre, y desafortunadamente en algunos casos la codicia con saqueos registrados, mientras hay más de cincuenta edificios abajo.


La desesperación crecía entre las calles de Catia La Mar, Macuto, Naiguatá, Los Corales, Maiquetía y Caraballeda, donde la ausencia de suficientes equipos de rescate dificulta la extracción de quienes permanecían atrapados bajo toneladas de escombros. La Gran Caracas es otra de las zonas más afectadas, una devastadora realidad que cuenta con miles de desaparecidos y donde el seísmo ha dejado su marca en San Bernardino y Los Palos Grandes. El Municipio Libertador no se queda atrás, con graves daños en la infraestructura de sus edificaciones en zonas como el Junquito, los Próceres y el casco histórico de Caracas, al igual que otros sectores de la capital pertenecientes a los municipios Baruta, Sucre y Chacao, junto con los Altos Mirandinos. También se han registrado afectaciones en los Estados Carabobo, Lara, Aragua, Yaracuy y ciudades de alta gravedad del Estado Falcón como Morón y Tucacas, ya que no disponen de comunicaciones ni de suministro eléctrico, viviendo una situación precaria.


Las cifras oficiales y páginas de búsqueda superan los 62 mil desaparecidos en la tarde del viernes 26, donde diez mil de ellos ya pudieron entrar en contacto con sus familiares, sin embargo el resto sigue sin paradero. Por otra parte, menos esperanzadora, la cifra de fallecidos está cercana a los mil; y los heridos se encuentran repartidos en todos los hospitales del país con concentración de más de 3.000 personas.


El Estado Venezolano sobrepasa una crisis desde hace más de dos décadas, la insostenibilidad y el régimen político dictatorial existente ha llevado a Venezuela a una crisis política, económica, social, demográfica y cultural. Los altos niveles de corrupción denunciados durante las últimas décadas han contribuido a profundizar el deterioro venezolano, llevando al país a una de las etapas de mayor inestabilidad económica, social e institucional de su historia reciente. Los escándalos relacionados con empresas del Estado como PDVSA en el sector de hidrocarburos, así como las denuncias sobre contratos irregulares y negocios de maletín vinculados a instituciones financieras como BANDES y muchas más instituciones del Estado, forman parte de una serie de factores que han agravado el deterioro del país hasta sus niveles actuales. Esto no comenzó con el gobierno de Nicolás Maduro; sus raíces se encuentran en el surgimiento del chavismo en 1998, como respuesta al desgaste del sistema político del período conocido como puntofijismo, dominado durante décadas por los partidos tradicionales Acción Democrática y COPEI luego de la caída de la dictadura de Pérez Jimenez. Con el discurso de Hugo Chávez se profundizó una narrativa de confrontación entre sectores sociales, especialmente entre quienes eran presentados como privilegiados y quienes se consideraban excluidos (ricos y pobres), convirtiendo el populismo en una herramienta central de movilización política.



Con el paso del tiempo, sus críticos sostienen que este modelo derivó en una concentración progresiva del poder público, debilitando la autonomía de diversas instituciones del Estado y fortaleciendo el papel de las fuerzas armadas y organismos de seguridad como guardaespaldas personales del gobierno de algunos pocos. Mientras tanto, persisten las denuncias de corrupción del gobierno de estos pocos y el manejo cuestionado de recursos públicos con proyectos inconclusos, obras paralizadas y fondos, donde cuya administración continúa siendo motivo de debate y preocupación nacional.


En estos momentos de incredulidad llegan estas preguntas a los venezolanos que tristemente saben la respuesta, las fuentes destinadas a la reconstrucción de La Guaira, ¿dónde están? Si después de una catástrofe de una magnitud similar, ocurrida hace menos de treinta años, esta región vuelve a quedar devastada, surge una pregunta inevitable: ¿qué ocurrió con los recursos destinados recuperar y reconstruir, además de preparar al país para una nueva emergencia? ¿Dónde está el dinero para los insumos de los hospitales? ¿Dónde están los contratos millonarios destinados a modernizar la infraestructura nacional y fortalecer los sistemas de prevención y respuesta?


¿Cómo puede existir financiamiento para desarrollar estructuras de seguridad contra la disidencia, adquirir equipos militares y sostener organismos de inteligencia, pero no hay ni un militar en la calle mientras el país enfrenta la falta de recursos para proteger a la población civil durante una tragedia? Venezuela no está preparada para enfrentar una situación de esta magnitud, no porque su sociedad carezca de capacidad de organización o solidaridad, sino porque durante años se ha debilitado la capacidad institucional, la infraestructura ha sido olvidada y no se renovado durante años y no existe la necesaria para responder ante una emergencia de tal magnitud, esto representa la visión del chavismo: el pasado es la mejor forma de alejarte del presente.


Actualmente existen múltiples movilizaciones de los escasos recursos venezolanos por el gobierno nacional, donde la Presidenta Encargada Delcy Rodríguez ha declarado el Estado de Emergencia e hizo un llamado a la unión nacional, esto con el fin de salvaguardar la vida como prioridad número uno frente a los derrumbes existentes; los Bomberos, la Policía Nacional, Municipal y Metropolitana, grupos de rescate, Protección Civil están en las calles, pero ni un militar entre ellos. Por otro lado, la población civil en el país ha estado organizándose para atender las zonas sin la presencia de los entes del Estado. Además, junto a los miles de venezolanos dentro del territorio nacional y alrededor del mundo, se han creado múltiples centros de acopio destinados a reunir la mayor cantidad posible de alimentos, medicinas y artículos esenciales para atender a quienes se encuentran en situación de grave riesgo. La líder opositora María Corina Machado expresó su pésame al pueblo venezolano y llamó a activar a los Comanditos como centros de acopio y apoyo para cubrir necesidades básicas. Sin embargo, diversos sectores denunciaron el cierre de algunos de estos puntos por parte de fuerzas vinculadas al chavismo. 


Múltiples países y sus gobiernos en el mundo se han mostrado cercanos a Venezuela, dando su apoyo de recursos como fuerzas de rescate y ayuda humanitaria que sigue creciendo constantemente y siendo actualizada cada vez, entre ellos encontramos al Gobierno Español y la Comunidad de Madrid que ha brindado a la Unidad Militar de Emergencias y ERICAM, a demás de ayuda humanitaria y apoyo diplomático; por la parte de los Estados Unidos de América, la administración Trump anunció una ayuda de 150 millones de dólares, más apoyo logístico, humanitario y de rescate, junto al despliegue de las fuerzas militares del Comando Sur. Otros gobiernos del mundo, entre ellos El Salvador, Colombia, México, Francia, Ecuador, Italia, Suiza, Costa Rica, República Checa, Brasil, Canadá y Alemania, han manifestado su disposición de brindar apoyo humanitario y asistencia para las labores de rescate. Además, las Naciones Unidas participan en la coordinación de una respuesta internacional mediante equipos de búsqueda y rescate urbano, mientras que el Papa León XIV realizó una donación de 100 mil dólares destinada a apoyar a los afectados por la tragedia en Venezuela. 



Un terremoto de esta magnitud no ocurría desde aquel Jueves Santo de marzo de 1812, cuando varias ciudades del país quedaron devastadas, entre ellas La Guaira y Caracas, además de regiones como los Andes, Carabobo y Yaracuy. Existe una similitud histórica profundamente particular entre ambos acontecimientos: Venezuela ha sido y continúa siendo una nación con una fuerte tradición religiosa. En 1812, algunos frailes realistas interpretaron el desastre como un “castigo divino” asociado al proceso independentista; más de dos siglos después, nuevamente surgieron voces pero de la iglesia protestante que intentaron relacionar una tragedia natural con interpretaciones religiosas vinculadas a la celebración de San Juan. 


Sin embargo, los fenómenos naturales no responden a creencias religiosas ni pueden explicarse únicamente mediante pasajes bíblicos escritos hace más de mil quinientos años, los desastres naturales no deben utilizarse para justificar interpretaciones religiosas que culpabilicen a las personas o simplifiquen una tragedia humana. Cuando una persona intenta imponer una interpretación divina sobre una tragedia humana, sin considerar su contexto histórico, místico, científico y social, corre el riesgo de convertir la fe en una explicación limitada e instrumentalizada de una realidad mucho más compleja. La Biblia no debe utilizarse de manera desproporcionada para justificar ideas y doctrinas que pueden alejarse del mensaje de amor, compasión, esperanza y humanidad que muchas personas encuentran en Dios, como decía Santa Teresa de Jesús: “Dios no se muda”. Por esta razón, adquieren especial relevancia las palabras atribuidas al libertador Simón Bolívar tras el terremoto de 1812, una expresión que representa la responsabilidad humana frente a la adversidad y la necesidad de actuar ante el sufrimiento: “Si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”. Frente a una tragedia, la respuesta no debe ser buscar culpables desde las interpretaciones religiosas, sino unir esfuerzos para proteger la vida, reconstruir y acompañar a quienes han sido afectados.


El apoyo exterior ha demostrado que la humanidad sigue siendo humanidad, a pesar de su fragmentación en ideologías y posiciones políticas, todas las ayudas son necesarias y aceptadas, vengan de donde provengan, porque la ayuda no responde a colores, responde a vidas. Son tiempos muy difíciles para el pueblo venezolano, y no podemos olvidar a cada persona y animal que lucha por su vida bajo enormes cantidades de hormigón. Los testimonios que vemos en las redes sociales son devastadores, mientras familiares y amigos cuentan verdaderas historias de terror. Mi padre pudo salvar su vida, la de mi hermana y la de la madre de ella mientras ladrillos y bloques de cemento caían del techo, golpeándolos en la cabeza y el cuerpo; los cristales les provocaron heridas que llenaron sus piernas de sangre. A pesar de todo, lograron salir del edificio y llegar a Caracas, huyendo de la devastación de La Guaira, todo gracias a una llamada pendiente que debía realizar cuando recibió la alerta en su teléfono móvil.


Desde estas líneas elevamos nuestras oraciones por las víctimas, por quienes aún esperan reencontrarse con sus familias y por todos aquellos que trabajan para salvar y reconstruir nuestro país. Que esta tragedia no sea recordada únicamente por la destrucción que dejó, sino también por la solidaridad, la unión y la fuerza de un pueblo que, incluso entre los escombros, sigue luchando por levantarse.




 
 
 

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