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LA EVOLUCIÓN ECOLÓGICA CHINA A TRAVÉS DE SUS CIUDADES

  • Foto del escritor: Elena Azorín
    Elena Azorín
  • 10 nov 2025
  • 6 Min. de lectura

Artículo de Ecología y Sostenibilidad escrito por Elena Azorín


La aurora de Nueva York tiene

cuatro columnas de cieno

y un huracán de negras palomas

que chapotean las aguas podridas.


La aurora de Nueva York gime

por las inmensas escaleras

buscando entre las aristas

nardos de angustia dibujada.


La aurora llega y nadie la recibe en su boca

porque allí no hay mañana ni esperanza posible.

A veces las monedas en enjambres furiosos

taladran y devoran abandonados niños.


Los primeros que salen comprenden con sus huesos

que no habrá paraíso ni amores deshojados;

saben que van al cieno de números y leyes,

a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.


La luz es sepultada por cadenas y ruidos

en impúdico reto de ciencia sin raíces.

Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes

como recién salidas de un naufragio de sangre.


INTRODUCCIÓN

Este poema escrito por Lorca nos muestra la imagen de una gran ciudad en 1929, concretamente describe Nueva York tal y como él la visualizaba durante su estancia en la misma. Por aquel entonces, y desde el siglo XIX, la ciudad acogió numerosas industrias manufactureras y fábricas dedicadas a la industria agroalimentaria, el textil, las construcciones navales y la imprenta. De modo que en 1900 ya era la ciudad más industrializada de los EE. UU.

Estas grandes fábricas, pero también las centrales eléctricas, trenes y barcos a vapor utilizaban principalmente carbón, lo que generaba grandes emisiones de humo, hollín y dióxido de azufre. Por ello, el smog era muy frecuente en esta ciudad, una mezcla entre humo y niebla formada por la mezcla de estos gases. A ello se le sumaba la contaminación causada por la congestión vehicular, ya que los vehículos a gasolina, junto con los tranvías y trenes a vapor, liberaban grandes cantidades de contaminantes. Además, estas fábricas arrojaban sus desechos y basura en el río Hudson y el East West, lo que hacía que el agua cogiera un color castaño.


Pero aunque este poema está inspirado en el Nueva York del siglo pasado, podría haberse inspirado en cualquier ciudad china a finales del siglo pasado y principios de este, sobre todo entre 2010 y 2013, especialmente en urbes como Pekín (Beijing), Tianjin, Xi’an y otras del noreste industrial del país. En enero de 2013, la contaminación alcanzó niveles extremos en Pekín, con niveles de PM2.5 (partículas finas) por encima de 800 microgramos por metro cúbico, cuando la OMS recomienda un máximo de 25 µg/m³ para exposiciones de 24 horas. Pero, ¿cuándo empezó a ser esto así? ¿Por qué motivos? ¿La situación hoy en día es distinta? 


Primeras fases del desarrollo urbano e industrial: 1950–1978

Aunque el pensamiento tradicional chino (especialmente el taoísmo) promovía la armonía con la naturaleza, entre el ser humano y la Tierra, este enfoque colisionó con las políticas económicas de Mao Zedong, que estuvieron marcadas por esfuerzos ambiciosos para industrializar rápidamente China y reorganizar su estructura agrícola. El objetivo económico durante el período mahoísta (1949-1976) era la expansión de su economía mediante sus propios recursos y sin injerencias extranjeras.

En esta etapa, las ciudades comenzaron a concentrar industrias pesadas que usaban carbón como fuente energética principal, lo cual derivó en altos niveles de contaminación atmosférica y del agua. Otras zonas rurales o cercanas a las urbes que empezaban a originarse, se implementaron sistemas de producción agrícola intensivos. Que también generarán desechos y residuos que eran vertidos a las aguas de la zona. Contaminando las aguas de estos municipios.


La era de la apertura y el auge sin control: 1978–2000

Desde la década de los 70, China apostó por la industrialización masiva y el crecimiento económico. Lo que le ha llevado a experimentar un proceso de transformación urbana y económica sin precedentes en la historia moderna. Con las reformas de Deng Xiaoping, China dio un giro hacia la economía de mercado. Bajo el lema de “enriquecerse es glorioso”. Las zonas económicas especiales como Shenzhen funcionarían como laboratorios de crecimiento exportador, pero también se convirtieron en focos de contaminación severa.

Esta fase se caracterizaba por un crecimiento urbano sin planificación ambiental, donde el Estado priorizaba el desarrollo económico sobre cualquier criterio de sustentabilidad. La ausencia de legislación ambiental efectiva, la migración masiva del campo a las ciudades, y el uso intensivo del carbón provocaron niveles alarmantes de contaminación del aire, agua y suelo. Se estima que a finales de los 90 varias ciudades chinas figuraban entre las más contaminantes del mundo. El transporte urbano también creció sin planificación, generando congestión y emisiones significativas de gases contaminantes.


Conciencia ambiental emergente: 2000–2012

En las primeras décadas del siglo XXI China comenzó a reconocer los costos de deterioro ambiental a partir de su ingreso en la organización mundial del comercio, 2001, y con eventos internacionales como los Juegos Olímpicos de Beijing, 2008, se hicieron evidentes los desafíos que enfrentaba la ciudad china en términos de contaminación y salud pública. Durante esta fase se establecieron los primeros marcos legales y administrativos de protección ambiental. El Ministerio de Protección Ambiental fue dotado de competencias más claras, aunque subordinadas aún a los objetivos de crecimiento económico.



Cabe decir que desde 2010 China ha emprendido un giro significativo en sus políticas ambientales, consolidado con la creación del Ministerio Ecológico y Medioambiente. Este nuevo órgano reemplazó el anterior ministerio de Protección Ambiental y fue de mayor atribuciones para ejecutar políticas, integradas de sostenibilidad, abarcando desde el control de emisiones industriales hasta la planificación ecológica urbana. 


Transformación institucional y nuevas políticas: 2013–actualidad

Este punto de inflexión no fue accidental, sino que estuvo precedido por uno de los episodios más graves de contaminación atmosférica y historia moderna de China: el dominado “Airpocalypse". En el 2013 la ciudad de Pekín registró niveles de PM2.5. Este evento, que también afectó a urbes del noreste como Tianjin y Xi’an, fue el resultado de múltiples factores: uso intensivo de carbón para calefacción invernal, emisiones industriales sin control, incremento del parque automotor y una expansión urbana sin ningún tipo de regulación. 


La magnitud de este de desastre ecológico generó una fuerte presión pública interna, y una amplia cobertura mediática internacional. En respuesta, el gobierno lanzó el plan de acción para la prevención y el control de la contaminación del aire, una estrategia que marcó un cambio radical en la política ambiental de China.

Entre las medidas adoptadas destacan: 

  1. La progresiva eliminación de centrales térmicas y de fábricas, altamente contaminantes, especialmente en sectores urbanos.

  2. La promoción del transporte eléctrico y restricciones al uso de vehículos altamente contaminantes. 

  3. Inversiones masivas en energías renovables, situando a China como líder mundial en capacidad instalada de energía solar y eólica. 

  4. Reducción significativa de las inyecciones de PM 2.5, especialmente en Beijing, que vio mejorar notablemente su calidad del aire en menos de una década.


Asimismo, el concepto de Zonas de Desarrollo Sostenible comenzó a implementarse en ciudades piloto como Shenzhen, Taiyuan y Guilin. En estas zonas se aplican tecnologías digitales e inteligencia artificial para optimizar la gestión del agua, los residuos sólidos y la restauración ecológica. La meta es lograr una transición estructural de modelo productivo urbano hacia prácticas más limpias, sin afectar técnicamente al crecimiento económico. Dentro de estas zonas también se incluyen las llamadas “ciudades esponjas”, diseñadas para reducir el riesgo de inundaciones y gestionar el agua de manera sostenible, mejorando la calidad de vida de los residentes de las urbes y favoreciendo la biodiversidad urbana. 


Este conjunto de transformaciones también coincide con los compromisos asumidos en la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, especialmente en el marco del ODS 11 sobre ciudades sostenibles. China incorporó este objetivo dentro de su planificación nacional. Promoviendo ciudades más inclusivas, residentes y sostenibles. Gracias a los avances institucionales y tecnológicos, se pueden observar avances en las ciudades chinas en términos de sostenibilidad. La calidad del aire ha mejorado notablemente desde 2013; en cuanto a la contaminación del agua, para 2023, se consiguió eliminar la mayoría de las aguas negras y malolientes en las ciudades de nivel prefectura (ciudades grandes que gobiernan sobre distritos urbanos, suburbanos y zonas rurales  y superiores, como Pekín). 


Sin embargo las ciudades chinas se enfrentan todavía numerosos desafíos importantes: 

  1. Persistencia de altos niveles de carbono en el aire en regiones del norte y del interior.

  2. Crecimiento urbano desigual, con importantes brechas en infraestructuras en ciudades ricas y pobres.

  3. Dependencia residual del carbón, que continúa siendo la principal energía del país.



Para avanzar hacia ciudades más sostenibles y ecológicas, China se ha marcado diversas metas como alcanzar la neutralidad del carbono para 2060 y reducir las emisiones de CO2 en un 70% para 2050 en comparación con los niveles actuales. Y, para lograrlas está implementando proyectos innovadores para abordar sus desafíos ambientales, como la Integración de Vehículos Eléctricos en la Red (V2G). En este sentido, se han iniciado proyectos piloto en nueve ciudades, incluyendo Pekín, Shanghai, Shenzhen y Cantón, para utilizar vehículos eléctricos con baterías que permiten almacenar y devolver energía  a la red. 


Conclusión

La experiencia china pone en evidencia que, para lograr cambios contundentes hacia ciudades y países más sostenibles, es necesaria una reforma en las políticas y planes nacionales que apuesten por las energías renovables, la reducción de las emisiones de carbono y  el control de los vertidos contaminantes y tóxicos en los ríos o canales urbanos. Y apostar por iniciativas más respetuosas con el medio ambiente. 



Como podemos ver, China evoluciona hacia un futuro más limpio. Porque aunque aún quedan retos que superar. El país deja atrás esa ciudad lúgubre, industrializada, sórdida y deshumanizada, para dar paso a ciudades más limpias, acogedoras, verdes y sostenibles. Todo gracias al cambio de perspectiva del gobierno, que deja atrás la indiferencia y la negligencia en  materia ambiental, y postula a China como líder en la lucha contra el cambio climático a nivel mundial.


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