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La eterna paradoja de la OTAN: colaboración o dependencia

  • Cristina Horcajo
  • 26 feb
  • 2 min de lectura

Artículo de geopolítica escrito por Cristina Jiménez Horcajo



Hace apenas dos semanas, el subsecretario de Defensa estadounidense Elbridge Colby llegó a Bruselas con un mensaje que, en el fondo, no era nuevo, pero que esta vez sonó distinto: la OTAN necesita convertirse en una alianza de colaboración, no de dependencia. Lo llamó "OTAN 3.0", mientras que los ministros europeos concordaban en la necesidad de reequilibrar fuerzas. Lo relevante aquí no es tanto el mensaje, sino el hecho de que Europa lleva décadas sabiendo que esto iba a llegar y ha hecho relativamente poco al respecto.


Entre 2020 y 2025, el gasto militar de la UE pasó de 234.000 a 381.000 millones de euros. Un salto enorme sobre el papel. La cuestión es que el 64% de las armas compradas provienen de Estados Unidos, lo que convierte buena parte de ese esfuerzo presupuestario en un ciclo que alimenta la industria del mismo socio del que Europa dice querer independizarse. Más gasto, más dependencia.



Pero el problema no es solo financiero. El mando supremo aliado en Europa, el SACEUR, permanece en manos estadounidenses, y el liderazgo militar efectivo sigue estando en Washington, independientemente de que algunos mandos intermedios hayan pasado recientemente a oficiales europeos. La realidad es que las capacidades reales, en inteligencia estratégica, transporte o disuasión nuclear, siguen siendo americanas. El propio comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, acaba de reconocer esta semana en Madrid que los países de la UE carecen de al menos la mitad de las capacidades militares que exige la propia OTAN. Que eso lo diga alguien de dentro del sistema es, como mínimo, llamativo.


Sin embargo, lo más interesante no resulta ser la presión de Trump, siendo esta un tanto predecible, sino la aceleración que está provocando en un debate que Europa llevaba años posponiendo. Sánchez lo dijo en la Conferencia de Seguridad de Múnich: hay que reforzar el pilar europeo y reducir la dependencia de EE. UU. Macron lleva años en esa línea. El problema es que entre el discurso y la capacidad real hay una brecha enorme.



Me pregunto si Europa está realmente dispuesta a asumir el coste político de la autonomía estratégica. Construir capacidades propias implica invertir en la industria europea, no en comprar armamento. Implica coordinación real entre ejércitos con culturas y presupuestos muy distintos. Implica, en definitiva, ceder soberanía nacional en un área donde los Estados son especialmente protectores. Nada de eso es fácil ni rápido. Y mientras tanto, la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos deja claro por escrito su desafección con los aliados europeos. Las carencias son evidentes y nadie parece tener respuestas claras. La OTAN que viene sigue siendo, por ahora, un enigma sin resolver.

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