top of page

CUANDO LA COMPETICIÓN TRASCIENDE: DEPORTE, DIPLOMACIA Y SOFT POWER

  • Foto del escritor: Inmaculada Fernández Alonso
    Inmaculada Fernández Alonso
  • hace 2 días
  • 4 Min. de lectura


En el contexto del sistema internacional contemporáneo, caracterizado por una creciente fragmentación política y un debilitamiento de los canales diplomáticos tradicionales, el deporte ha adquirido una relevancia singular como fenómeno transnacional. Más allá de su dimensión competitiva o cultural, el deporte se ha consolidado como un espacio de interacción internacional dotado de una capacidad excepcional para generar contacto, visibilidad y reconocimiento mutuo entre Estados y sociedades.


El deporte funciona como un instrumento de diplomacia informal, en el que los Estados proyectan su imagen y ejercen soft power, es decir, su capacidad de

influencia mediante la atracción, la persuasión y la legitimidad cultural, más que a través de la coerción o la fuerza. La cobertura mediática y el relato público del deporte internacional refuerzan su efecto en la opinión global, consolidando su papel como herramienta estratégica de política exterior.


En este contexto, el concepto de soft power, formulado por Joseph S. Nye, resulta fundamental para comprender el papel del deporte en las relaciones internacionales contemporáneas. El soft power se define como la capacidad de un Estado para influir en el comportamiento de otros actores internacionales a través de la atracción, la persuasión y la legitimidad de sus valores, su cultura y su imagen, en lugar de recurrir a la coerción o al uso de la fuerza. A diferencia del hard power, basado en medios militares o económicos, el soft power opera en el plano simbólico y cultural, donde la percepción, el prestigio y la aceptación internacional adquieren un papel central.


La neutralidad en términos normativos y reglamentarios constituye uno de los principios fundacionales del deporte internacional moderno. Organismos como el Comité Olímpico Internacional (COI) han consolidado su legitimidad sobre valores de universalidad, igualdad y no discriminación, proyectando el deporte como un ámbito regulado por normas comunes que facilitan la interacción entre Estados de diverso contexto político o ideológico.

Este marco normativo genera un espacio de igualdad formal entre los actores internacionales y permite que el deporte funcione como canal de soft power, al proyectar valores culturales y la imagen de los Estados de manera reconocible y atractiva para audiencias globales.


El deporte opera como un mecanismo de diplomacia informal o no convencional, en el que la interacción no se produce únicamente a través de representantes estatales, sino mediante atletas, federaciones y públicos transnacionales, permitiendo la comunicación entre actores que pueden carecer de relaciones diplomáticas formales o encontrarse inmersos en contextos de tensión política.


Algunos ejemplos históricos y contemporáneos donde se manifiestan amplios dotes diplomáticos incluyen la diplomacia del ping-pong entre Estados Unidos y China en 1971, que precedió la apertura diplomática formal y facilitó la cooperación internacional; los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, en los que la participación de delegaciones de Corea del Norte y Corea del Sur en diferentes disciplinas promovió visibilidad y contacto indirecto entre los Estados; y los partidos de fútbol internacional entre selecciones de Israel y países árabes, que funcionaron como escenarios de diálogo simbólico y construcción de confianza, proyectando al mismo tiempo la imagen de los Estados involucrados en la esfera global.


La relevancia de esta diplomacia informal reside en su capacidad para generar confianza, visibilidad internacional y legitimidad cultural, elementos esenciales para la proyección de soft power.


Los Estados emplean el deporte como vehículo de proyección internacional y estrategia de

influencia cultural, y algunos casos representativos ilustran esta dinámica de manera particularmente clara. China, mediante los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, utilizó el evento como una plataforma de modernización y prestigio global, proyectando su imagen y valores culturales a audiencias internacionales; Brasil, a través del Mundial de Fútbol 2014, reforzó la visibilidad internacional del país y promovió de forma singular la riqueza de su cultura; y Qatar, con la Copa Mundial de Fútbol 2022, consolidó su presencia diplomática y mediática en el ámbito internacional, demostrando cómo los grandes eventos deportivos se han convertido en instrumentos estratégicos de soft power para los Estados contemporáneos.


Estos ejemplos muestran que el deporte permite a los Estados construir narrativas de legitimidad, atractivo cultural y liderazgo global, funcionando como un componente esencial de las estrategias de influencia contemporáneas.


Los organismos internacionales deportivos ocupan una posición híbrida entre el derecho privado y el derecho internacional público, lo que les confiere una responsabilidad particular en la estructuración de las reglas y la organización de los eventos. Su labor impacta directamente en la eficacia de la influencia de los Estados, al determinar cómo se proyectan los valores y la imagen de los actores internacionales en la esfera mediática global.


El COI, la FIFA y las federaciones continentales regulan la participación, la seguridad y el marco normativo, asegurando que los eventos deportivos internacionales funcionen como espacios de interacción estratégica entre Estados y audiencias transnacionales.


El deporte constituye un instrumento singular de diplomacia y soft power en el sistema internacional contemporáneo. Su valor reside en su capacidad para generar contacto, reconocimiento y proyección cultural en un entorno regulado por normas comunes, con una enorme visibilidad mediática. Los Estados utilizan el deporte para consolidar su influencia internacional, fortalecer su imagen y proyectar sus valores, convirtiendo los eventos deportivos en una herramienta estratégica de política exterior y construcción de legitimidad global.

 

Comentarios


bottom of page